Es mediodía, el bullicio de las comerciantes del sector Triángulo de La Cancha es ensordecedor. El silencio no es una opción en las ofertas y las demandas; ahí el más fuerte sobrevive, el o la más “canchera”. Nada parece importarle a Marcelino que está recostado en su carretilla, tomando una siesta bien merecida. Su tranquilidad es notoria. Una gorra Nike de color rojo cubre su rostro y sus brazos entrecruzados dicen “bah, no pasa nada”. Ayer a estas horas buscaba “cancheos”, “viajecitos”, “peguitas”; pero hoy no, no es necesario, bueno, no por ahora.

Hace cuatro años aproximadamente, cuando fue un cargador, su trabajo era pesado, el dolor que ahora sufre en su espalda baja, sobre todo en época de frío, es una secuela de esa ocupación. Hoy se ha modernizado, como la mayoría de los carretilleros de La Cancha.

No todos los días le va bien, pero cuando el universo conspira a su favor, la historia es otra. Vale la pena darse el gustito”, dirá en un par de horas a sus compañeros.

Ante la competencia de carretilleros, actualmente, es difícil ganarse un par de “pesos”, fuera la inversión del desayuno, el almuerzo y un par de “antojitos”. Marcelino tiene que ser audaz, pícaro, veloz entre los aproximadamente 150 carretilleros que circulan en La Cancha.

Dicen que los mejores “cancheos” tienen los que pertenecen a la Asociación 6 de Agosto, porque su sede se encuentra en el mercado Triángulo, un centro de abasto de gran demanda, en la avenida Aroma y 16 de Julio.

César Cavero, el dirigente de esa Asociación, desmiente esa idea. “Igual hay competencia, especialmente con aquellos que son chutos (que no pertenecen a ninguna asociación), que hacen viajes por un precio mínimo, nos quitan clientes”.

MIGRACIÓN Gran parte de los carretilleros son migrantes de áreas rurales. Llegaron con la idea de mejorar su estatus, su economía. El sueño de los pueblos, así lo define el antropólogo Edson Vera, quien también explica que este fenómeno es una cuestión no solo nacional, sino que también engloba a la mayoría de las personas por idealizar la modernización como ejemplo a seguir y la creencia de un futuro estable y “mejor” al ser partícipe de ese desarrollo.

Marcelino es un migrante, como muchos. Vino de Sucre a Cochabamba en el verano del 98 para buscar mejores condiciones de vida y llevar algunos billetes para su familia.

Los carretilleros, en su mayoría, son de habla quechua. Es difícil este trabajo, vivimos al día. A veces no alcanzo para pagar el alquiler y algunas deudas, dice Pedro Jorge, otro carretillero.

PRECIOS Marcelino confiesa que a diario hace entre 30 a 60 bolivianos, dependiendo el día.

Los miércoles y los sábados son la clave, pero hay días que no. A veces solo hacemos para nuestro almuerzo y nos vamos sin nada a nuestras casas.

La tarifa, desde la avenida República a la Barrientos, es de 5 a 7 bolivianos. Las carreras cortas cuestan 2 bolivianos.

Hay quienes ya tiene sus caseros comerciantes que solicitan transporte de frutas o verduras en cajas. Con ellas tenemos tarifas fijas, pero nunca falta el que se ofrece por menos, haciéndonos perder nuestras pegas.

DESCONFIANZA María Luisa, comerciante de frutas de la caseta 42, del mercado 4 de Enero del sector La Cancha, explicó que desde la última vez que un carretillero le robó su mercadería, desconfía de estos servicios. Le encargué unas cajas, para que me lo traslade y él desapareció. Me han dicho que está en otro mercado. Hay que tener cuidado.

Marcelino, César, Pedro y otros que se dedican al rubro, lamentan que por carretilleros como ellos, el sector queda mal visto.

Desde esas y más experiencias con los usuarios, inventaron un sistema que difiera de asociación a otra. Pintaron las ruedas de las carretillas: cada color representa a un sector. Pusieron número y nombres en la parte delantera y se uniformaron con chalecos que dice el nombre de su organización.

Caseros

La mayoría de los carretilleros apunta a ser casero de alguna comerciante para asegurar sus entradas económicas. Dicen que con cuatro viajes diarios se hace más de 100 bolivianos.

Datos

Carretillas

El valor económico de una carretilla equivale al de una motocicleta avispa, es decir, 3500 bolivianos, dependiendo la calidad de las llantas y cuán equipado esté.

Marcelino dice que se lo compró con 3 mil, aunque el dirigente de su asociación tiene una que vale 4 mil, porque le puso extensiones para llevar más cargas. Hay cerrajeros que se dedican exclusivamente a equipar las carretillas. Ellos son los que han reinventado los modelos de estas herramientas de trabajo, dice.

Detalles

Las carretillas cuentan con tres ruedas del mismo tamaño y son reforzadas por algunos cerrajeros de la avenida República. Cada herramienta de trabajo tiene un sello con el nombre de su asociación.

Cargadores

Los qepiris o cargadores desaparecieron de a poco. Hasta el 2010 se veía a uno que otro en los mercados.

En su mayoría también fueron migrantes de áreas rurales. Ellos vestían chulos, abarcas y un aguayo se envolvía en su cintura donde también colgaban sus sogas.

Descanso

Las carretillas no solo son las herramientas de trabajo, sino también son utilizadas como una cama, una hamaca, pero metálica, para descansar.

Se suelen parquear, especialmente a mediodía, en los costados de los centros de

abasto.

Depósitos

Al finalizar la tarde, las carretillas se guardan en los depósitos de las mercaderías. En La Cancha hay más de 20.

Fuente: Opinion

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