Nikki Haley causa sorpresa al renunciar como embajadora de Trump ante la ONU

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AFP /

Nikki Haley, la mujer más destacada del gobierno de Donald Trump, sorprendió el martes al anunciar su dimisión como embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, desatando especulaciones sobre su futuro y sobre quién la sucederá.

La noticia fue comunicada desde el Salón Oval, sin explicarse los motivos ni revelarse quién ocupará su lugar cuando se vaya a fin de año, un nombramiento que según Trump podría conocerse “en las próximas dos o tres semanas”.

“Me dijo hace unos seis meses (…) que quería tomarse un descanso”, declaró el presidente sobre Haley, en su gobierno desde el inicio en enero de 2017. “Hizo un trabajo fantástico”, añadió, confiando en que “en algún momento” regrese.

“Fue muy especial para mí”, subrayó, tras llamarla “mi amiga” en Twitter.

En el estado de Iowa, donde participó en una reunión pública, Trump dijo a la prensa que había preseleccionado a cinco personas para sustituir a Haley, y confirmó que Dina Powell, expresidenta del Consejo de Seguridad Nacional, formaba parte de ellas.

El embajador en Alemania Richard Grenell no está por el contrario en la lista. “Ha tenido tanto éxito en un cargo tan importante (…) que no querría cambiarlo. Personalmente, preferiría dejar a Ric donde está”, observó.

Más temprano, el presidente había evocado la hipótesis de una nominación de su hija Ivanka -“sería dinamita” en el puesto, dijo-, pero luego se corrigió: “sería acusado de nepotismo”, afirmó. La propia Ivanka excluyó la posibilidad en un mensaje de Twitter.

“No me postularé”

Algunos observadores afirmaron que Haley busca cortar todo lazo con Trump para volcarse a la contienda política, presentándose como una republicana moderada en un escenario muy polarizado. Pero ella negó inmediatamente tener aspiraciones presidenciales.

“No, no me postularé para 2020”, aseguró, anunciando que será leal a Trump.

De 46 años, esta hija de inmigrantes indios ha sido considerada una estrella en ascenso en el Partido Republicano, marcado por un tradicional liderazgo de hombres blancos y ávido de contar con minorías femeninas y étnicas para ampliar su atractivo electoral.

“Es muy importante que los funcionarios entiendan cuándo es momento de retirarse (…) a veces es bueno rotar”, señaló quien fuera la primera mujer gobernadora de Carolina del Sur (2011-2017).

Nacida como Nimrata “Nikki” Randhawa, Haley (su apellido de casada) llegó a la ONU como novata en las relaciones internacionales, pero rápidamente se colocó en primera línea de la escena diplomática, donde sobresalió por sus dotes políticas y también por su elegancia. “Se viste para el cargo”, se suele decir sobre sus impecables trajes y tacones.

Su brillo parecía sin embargo más deslucido desde que Rex Tillerson fue reemplazado en marzo en el Departamento de Estado por Mike Pompeo, muy cercano a Trump y quien este martes declaró a periodistas que Haley ha sido “una gran compañera”, aunque declinó responder preguntas sobre el tema.

La salida de Haley, aparentemente amigable en una turbulenta Casa Blanca donde en menos de dos años entraron y salieron decenas de funcionarios, parece tener una explicación más prosaica que las intrigas palaciegas: la necesidad de un trabajo en el sector privado para hacer frente a las deudas que aparecen en su última declaración financiera, incluida una hipoteca de más de un millón de dólares.

La víspera de su renuncia, la ONG Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington, pidió investigar a Haley por el uso de lujosos aviones privados y la aceptación de caras entradas a partidos de básquetbol como regalo.

Críticas a Venezuela y Nicaragua

En la ONU, Haley se distinguió por presionar por una línea dura contra Corea del Norte, Irán, Venezuela y Nicaragua.

En la última Asamblea General de la ONU mostró una conducta extremadamente inusual para un alto diplomático al arengar a opositores venezolanos con un megáfono durante una manifestación.

Haley también ha arremetido contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega, a quien acusa de seguir el “camino” de Siria y Venezuela.

Dos veces logró que la crisis de Venezuela fuera discutida en el Consejo de Seguridad, que solo debate casos considerados una amenaza a la seguridad y la paz en el mundo, y en septiembre aprovechó que Estados Unidos presidía ese órgano para convocar una sesión sobre Nicaragua.

Desde Nueva York, Haley también se hizo eco de los severos cuestionamientos de Trump a la ONU. Justificó los recortes de asistencia internacional estadounidense y, a principios de este año, bajo su liderazgo, su país se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, acusándolo de parcialidad con respecto a Estados Unidos e Israel.

Aunque el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, destacó su “profundo aprecio” por Haley, Stephen Pomper, de la organización International Crisis Group, la criticó por debilitar el papel de su país en el contexto internacional, considerándola una “fuerza divisoria”.

Ambiciosa, decidida y directa, Haley ya no incluía el martes su título de embajadora de Estados Unidos ante la ONU en su cuenta en Twitter, en la que tiene 1,66 millones de seguidores y donde suele compartir fotos y anécdotas de su vida familiar.

Fuente:paginasiete.bo

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