Siete reglas para los padres de hoy frente al reto de las nuevas tecnologías

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Ser padres es un reto todos los días. No existe un manual para ser buenos papás, pero sí hay consejos y en el tema tan actual de las nuevas tecnologías ya hay cierto camino recorrido que permite aprender de los errores y aprovechar de las lecciones que dejaron. Sin pretender satanizar el teléfono celular, la consola de juegos y la tablet, es siempre oportuno saber qué hacer para que los chicos le den un buen uso a las nuevas tecnologías.

En vista de que es inevitable que un niño esté al margen de ellas y de que cuando se restringe y se prohíbe se produce el efecto contrario (estimular el mal uso de ellas), hay que reconocer que no son las nuevas tecnologías el problema en sí. Lo que sí lo es, son la poca comunicación y la falta de confianza.

“Vivimos un tiempo de monitores encendidos y miradas apagadas. Ese es el gran déficit en los últimos años, hay dificultades enormes en los vínculos de padres e hijos; la tecnología es fantástica y nos facilita montones de cosas, pero cuando los chicos se sumergen en el mundo virtual y la vida transcurre entre monitores, apps y vínculos virtuales la toxicidad es altísima”, explica el sicólogo argentino Alejandro Schujman, para quien el uso saludable de la tecnología empieza por tomarla como canal de comunicación y no como única vía de comunicación.

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La premisa es: los padres deben retomar el control que han perdido del vínculo con los hijos. Por ello se hizo esta lista de siete reglas de oro para vencer el reto de educarlos con éxito en esta nueva coyuntura tecnológica.

1Alfabetizarse en las nuevas tecnologías. Hay padres de familia que no dominan el teléfono, ni el uso de aplicaciones y redes sociales, pero regalan el teléfono celular o la tablet a los hijos como recurso para ubicarlos y saber cómo están. Para el activista contra el bullying Alfredo Rodríguez los padres tienen que tratar de cerrar esa brecha digital, alfabetizándose para comprender la dimensión de estas herramientas. (Con celulares, internet y redes sociales) los niños acceden a otras personas y a otros espacios en donde intentan satisfacer sus necesidades afectivas. “Ahí viene el riesgo de relacionarse con desconocidos, con gente que les ofrece la posibilidad de atenderlos un poquito y ahí empieza el desastre”, advierte.

2Entregar un teléfono celular solo cuando el niño empieza a tener cierta independencia de los adultos. “Si no está solo y está en casa no tiene por qué tener celular y si se le quiere dar una plataforma de juego, que solo use una tablet. El celular tiene sentido cuando el hijo tiene independencia respecto del acompañamiento de un adulto”, recomienda Alejandro Schujman, con amplia experiencia de terapia en temas de familia.

En cuanto a los más grandecitos, Rodríguez pone como referencia las condiciones que establecen las redes sociales para acceder a ellas, como por ejemplo Facebook, es para mayores de 14. ¿Y por qué no es bueno que tenga ‘Face’ un menor? “Porque ellos pueden ser más vulnerables al acoso de extraños o de pederastas. Ellos no saben todavía cómo manejar su información y la suben y de esa manera pueden exponerse a las mafias de trata y tráfico de personas”, advierte Rodríguez. No hay una edad fija, los padres deben informarse, pues de acuerdo a la aplicación y a los programas se establecen los límites de edad.

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3Crear confianza en lugar de convertirse en policía. El uso responsable de la tecnología viene con cierta negociación con los hijos para restringirles algunos sitios o páginas que no son recomendables para ellos porque les falta madurez. “No hay que ejercer un control policíaco que solo va a generar mayor desconfianza, ese control debe pasar por la comunicación. ‘Hola hijo, ¿qué estás haciendo?, ¿con quiénes estás hablando? ¿quiénes son tus amigos?’ Que el niño pueda compartir de manera espontánea con el padre o la madre”, aconseja Rodríguez, a tiempo de clarificar que ir trazando la cancha en la negociación es decirles por ejemplo: “Vas a poder estar con la tablet, pero primero las tereas, o en la mesa no hay que sentarse con el celular, es tiempo de familia”, concluye.

No somos detectives ni hackers, entonces ¿de qué manera acompañar el uso de la tecnología en los hijos? “No es teniendo la contraseña de los chicos que los padres van a moderar el uso tóxico de las aplicaciones y contenidos, sino desde el vínculo de confianza, diálogo y momentos de disfrute compartidos”, esa es la receta de Schujman. “Si los hijos confían en nosotros no hace falta recurrir a lo que hacen muchos padres a espaldas de sus hijos, usando distintas aplicaciones para espiar, saber dónde están o qué aplicaciones tienen abiertas. Eso es espantoso”.

4Incentivar proyectos apasionantes para relegar el celular o la tablet. Si un adolescente tiene proyectos en su vida que lo apasionan, ya sean deportivos, musicales, etc. estos proyectos van a relegar a segundo lugar al celular. “Por ejemplo, tiene que levantarse temprano porque va a ir a entrenar al fútbol o a practicar porque toca en una banda, esas cosas que le interesan fuera del mundo virtual son el mejor antídoto para la adicción a la tecnología, más que armar todo un sistema seudocarcelario”, opina Schujman.

5Construir vínculo con diálogo, disfrute compartido y confianza. Las prohibiciones lo único que hacen es reforzar el deseo de lo prohibido. Así que se tiene que apelar al diálogo y a la confianza, propiciando momentos de aparatos apagados y miradas encendidas, como dice Schujman en sus talleres.

La idea es crear momentos de disfrute, de encuentro genuino entre padres e hijos con actividades compartidas en las que la pasen bien y no haya monitores en el medio. Cuando Schujman pregunta en su consulta a los pacientes cuáles son los recuerdos más valiosos de sus vidas ninguno dice “cuando me compraron la consola tal”, ni siquiera responden “cuando me fui a Disney”. Las respuestas que Schujman suele tener son del tipo de: “cuando mi abuelo me enseñó a pescar”. “Ahí refuerzo la idea de que los tiempos cambiaron, pero la esencia es la misma. Los padres tenemos miedo de tirarnos al piso y jugar con nuestros chicos, armar castillos de arena en la playa, hacer la casita en el árbol, o un campeonato de cartas. Esto es lo que realmente construye el vínculo de manera firme”.

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6Enseñar respeto al cuerpo de uno y de los otros para frenar la pornografía. Estamos en tiempos de hipererotización. Pero los chicos están preparados para algunas cosas y para otras no, sin embargo, reciben más estímulos e información respecto de lo erótico, de lo que realmente están preparados para recibir. Antes los hijos veían a escondidas una revista pornográfica o una película prohibida. Ahora fotos y videos pornográficos se reparten a diestra y siniestra por WhatsApp. “Ahí somos los padres los que tenemos que enseñarles a los hijos la importancia del cuidado del cuerpo. El sexo se ha convertido en una especie de cuestión recreativa y esto además de embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual trae montón de experiencias traumáticas. Pero cuando los padres logran hacer contrapeso a toda esta cultura que viene de afuera (tarea difícil porque de algún lado van a seguir recibiendo), enseñando el cuidado del propio cuerpo y del otro, ahí empiezan a autorregularse, a pesar de las hormonas”, refiere Schujman.

“Hay controles parentales y es por eso que es importante que los padres aprendan a manejar estas herramientas (en el caso de niños pequeños) para establecer controles y mecanismos que les imposibilite el acceso a estos lugares. Aunque no se van a evitar de manera absoluta”, dice Rodríguez que reconoce que va a ser difícil un bloqueo total al tema pornográfico, pero en la medida que se lo pueda hacer es recomendable. “Pero ante todo corresponde diálogo, los papás debemos hablar de temas de sexualidad responsable con los hijos, mientras más temprano mejor y no esperar a que lo hagan a través de los compañeros inexpertos como ellos. Amén de las redes sociales nos toca a todos reflexionar sobre la pornografía”.

7Educar con el ejemplo. “Los hijos no nos escuchan porque damos discursos largos y aburridos, pero no dejan de mirarnos”, revela Schujman y agrega: “Un padre o una madre que está todo el tiempo conectado a una aplicación no tiene autoridad para decirle al hijo que deje el teléfono. Lo mismo pasa cuando fue el padre el que le dio el celular para que no lo moleste porque quería ver su serie en Netflix tranquilo”, critica Schujman.

Por su parte, Alfredo Rodríguez reconoce que en lo que hay que trabajar es en consolidar esos momentos de compartir en familia. Solo así podremos ver las cosas que pasan con nuestros hijos. Tal vez ellos no nos cuenten, pero su comportamiento siempre lo va a delatar.

Fuente:eldeber.com.bo

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