Karina Batthyány: 'Hoy, las ciencias sociales son vistas como peligrosas'

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El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), “institución internacional no-gubernamental con status asociativo en la UNESCO, creada en 1967” (según su sitio web oficial), debe ser una de las mayores redes globales en ciencias sociales y humanas, con presencia en 51 países de América Latina y otros continentes. Alberga a 680 centros de investigación y posgrado, 10 de los cuales están en Bolivia. Su actual Secretaria Ejecutiva, la socióloga uruguaya Karina Batthyány, de visita al país en los primeros días de agosto, comparte con Animal Político cómo la entidad que dirige puede ser considerada, “sin duda, como un instrumento político”.

— ¿Grandes problemas y proyecciones de CLACSO hoy día?

— Somos la mayor red de ciencias sociales y humanas, reunimos principalmente a centros de investigación y de formación. Nuestra área de trabajo principal es América Latina y el Caribe, pero trabajamos también a nivel mundial, tenemos centros asociados fuera de la región, porque los problemas que trabajamos no son exclusivos de América Latina y el Caribe. Lo que sí es que tenemos una mirada desde Latinoamérica y el Caribe. ¿Problemas y desafíos? Lo que nos preocupa siempre es la producción de conocimiento, pero con la voluntad de transformación e incidencia social; conocimiento crítico para la transformación social, para mejorar y transitar hacia sociedades latinoamericanas y caribeñas más justas, más igualitarias, más democráticas y que se respeten los derechos humanos de todas las personas.

— ¿Cómo han influido el giro a la izquierda, primero, y a la derecha, después, en la región?

— La investigación nos ayuda también a comprender el por qué de estos tránsitos entre distintas orientaciones políticas en los gobiernos latinoamericanos; de todas maneras, a mí me gusta aclarar siempre que quizás hoy, sin duda, hay una emergencia y una reemergencia de gobiernos de derecha o de ultraderecha, conservadores, neoliberales en América Latina y el Caribe, pero también hay gobiernos progresistas, por nombrar solamente dos casos: Uruguay y México.

— ¿Habrá alguna responsabilidad del investigador social en estos cambios de gobierno?

— No. Quienes trabajamos en las ciencias sociales somos parte de la sociedad, como quienes trabajan en cualquier otro tema. ¿Responsables? No. Lo que existe, siempre ha existido, son distintas escuelas de pensamiento que dan argumentos a las corrientes políticas, tanto de izquierda como de derecha. Como CLACSO, trabajamos en torno al pensamiento crítico, el cual se propone esta incidencia social hacia sociedades más justas e igualitarias. También es bueno decir que las ciencias sociales tienen un componente político, no partidario, político; es imposible hablar de una ciencia social neutra, por nuestro propio objeto de estudio, por nuestros propios temas de trabajo. CLACSO es sin duda un instrumento político, un instrumento político académico dentro de la corriente del pensamiento crítico.

— En la investigación no sé si se puede hablar de ‘temas moda…’

— Yo no creo que sean temas moda, son problemas reales de nuestra sociedad, sin duda. En este momento tenemos el problema de siempre de América Latina y el Caribe: la desigualdad; es el continente más desigual del planeta. A las dimensiones tradicionales que siempre se han investigado de la desigualdad, que son las socioeconómicas, se agregan otras como la raza, la etnia, los territorios, la edad, el género, entre otros; y esos son temas objeto de estudio para quienes estamos en las ciencias sociales y humanas. Por supuesto, como trabajamos en estrecho contacto con los movimientos sociales, así como con las políticas públicas, estamos inmersos en lo que puede ser, digamos, la emergencia de estos movimientos sociales, como el movimiento feminista en América Latina, que siempre ha estado presente, pero en los últimos años ha adquirido una vitalidad tremenda. Y estos temas han sido objeto de ataques por parte de movimientos conservadores y de derecha, en especial el feminismo.

— La temática del cuidado en el hogar; hemos visto un gran interés ultimamente.

— Desde mi opinión, la temática del cuidado es el nudo crítico de las desigualdades de género, porque revela en toda su intensidad la división sexual del trabajo, esa que nos asigna a las mujeres las tareas de la casa y del cuidado, y a ustedes los varones, las tareas de provisión económica y de sostenedores de los hogares; ahí se revelan todas las desigualdades de género. Y una se pregunta, ¿por qué esto es así?, ¿por qué se naturaliza este elemento? Las investigaciones demostraron que justamente por estar las mujeres en la esfera del cuidado se ven privadas de muchas oportunidades y de poder ejercer sus derechos, al trabajo, a la educación, a la participación política y social. Es un tema que por suerte en los últimos diez años, primero, ha estado en la agenda de investigación y, segundo, se ha colocado en la agenda pública, cuando antes no se veía o se consideraba algo exclusivamente privado, puertas adentro de las casas.

— El trabajo doméstico, digamos.

— Exacto. Hoy ha logrado colocarse en la esfera pública. También aquí en Bolivia.

— Estuvo en el seminario del  CEDLA sobre la pobreza multidimensional. ¿Qué arraigo tiene esta metodología? ¿Es nueva…?

— No, para nada. Tiene una vieja tradición; me animo a decir que desde el 2000 los estudios de la pobreza, no solo en América Latina, sino en el mundo, se han complejizado y se han incorporado dimensiones además de la económica, que fue con la que tradicionalmente se midió la pobreza. La pobreza y la desigualdad son dos caras de la misma moneda; entonces, si hablamos de desigualdades multidimensionales, también hablamos de pobreza multidimensional; y a mí me parece, desde el punto de vista conceptual, que es la forma realmente. Es un reduccionismo fatal considerar la pobreza solo por ingresos o solo por dimensiones monetarias; tenemos que incorporar otras dimensiones, lo que decíamos antes: género, raza,  etnia, territorios, la edad, el tiempo de las personas para trabajar, estudiar, etcétera; otra cosa es discutir sobre cómo se mide esta pobreza. No es nuevo, no es un elemento que se haya inventado ahora; más bien me animo a decir que la discusión principal en torno a la pobreza, justamente, va por el carril de lo multidimensional.

— ¿Esto último no plantea el problema del interés del investigador en su investigación?

— A ver, lo que hacemos los cientistas sociales, si trabajamos bien, porque siempre se puede en todas las profesiones trabajar mal, es definir conceptualmente los problemas; qué es lo que entendemos por a, b o c, pobreza, cuidado, lo que hablamos antes, y luego buscar estrategias para abordar empíricamente esos fenómenos, es decir, para medirlos. Ahí la discusión es muy amplia, pero creo que lo que siempre hay que tener presente es cuál es la relación entre la forma en que yo mido y cómo conceptualicé el fenómeno; si esos dos elementos están en relación, los resultados van a ser correctos y confiables. ¿Discutibles? siempre, pero correctos y confiables. Ahora, si no hay un correlato entre cómo defino y cómo mido, seguramente ahí me voy a encontrar con más de un problema.

— La investigación en Bolivia, ¿cómo se la ve desde afuera?

— En general, en América Latina las ciencias sociales se han desarrollado de manera muy importante, en algunos países antes que en otros. Digamos que en Bolivia ese desarrollo es más reciente, tiene menos tiempo, digámoslo así, pero es un desarrollo muy interesante que están realizando, con esfuerzos significativos, vinculados también a la formación de las nuevas generaciones en esta área. Yo creo que en este momento es muy importante apostar al      desarrollo de la investigación y la formación en las ciencias sociales y humanas, porque estamos sufriendo muchos ataques, porque se las considera peligrosas, y probablemente se consideran peligrosas porque justamente nos ayudan a entender y a comprender la realidad; además, con la voluntad, como le decía antes, de incidir sobre ella. Entonces, hay que seguir apostando al desarrollo, a la profundización en la formación de estas disciplinas. Bolivia tiene un desarrollo interesante de ciencias sociales y humanas y tiene que seguir apostando a ello.

Karina Batthyány. Es una de las más reconocidas especialistas latinoamericanas en la temática del cuidado. Estudió las desigualdades de género en el trabajo remunerado y no remunerado; el papel de las políticas públicas en la redistribución del trabajo; el trabajo y las representaciones sociales del cuidado.

Datos

Profesión: Doctora en Sociología.

Ocupación: Secretaria Ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), para el periodo 2019-2021.

Perfil

Más de 20 libros como autora o compiladora; fue consultora del Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA, y de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

Fuente:la-razon.com

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