Octubre, ¿tres elecciones de ‘giro político’?

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En la penúltima semana de octubre, en la región habrá tres elecciones generales: el domingo 20 en Bolivia y el 27 en Argentina y Uruguay. Dadas las peculiares condiciones en que los tres países llegan a estos comicios, cabe preguntarse si ésta será la ocasión de nuevos giros ideológicos, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha, o hacia alguna forma de centro.

En Argentina, según medios de ese país, después de las denominadas elecciones PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) lograron quedar como candidatos a la presidencia los binomios Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner (Frente de Todos); Mauricio Macri (actual presidente)-Miguel Ángel Pichetto (Juntos por el Cambio); Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey (Consenso Federal); Nicolás del Caño-Romina del Plá (Frente de Izquierda y de los Trabajadores en Unidad); Juan José Gómez Centurión-Cynthia Hotton (Frente Nos); y, José Luis Espert-Luis Rosales (Unite por la Libertad y la Dignidad). Lo peculiar de estas primarias es que habilitan solo a aquellas postulaciones que hayan superado el 1,5% de los votos válidos, que en últimas hayan demostrado que tienen un caudal electoral aceptable. La segunda vuelta en Argentina es posible solo si el ganador no obtiene más del 45% de la votación o por lo menos el 40% y una diferencia porcentual mayor a 10 puntos con respecto al segundo.

En Uruguay, en cambio, también fruto de elecciones internas en cada uno de los tres grandes partidos que hay allí, al final lograron la candidatura a la presidencia: Daniel Martínez, por el Frente Amplio; Luis Lacalle Pou, por el Partido Nacional; y Ernesto Talvi, por el Partido Colorado. En lo relativo a las candidaturas presidenciales, se asemeja al sistema boliviano: al final debe haber un candidato único por cada partido. En Uruguay, hay segunda vuelta solo si el candidato ganador no alcanzó el 50 por ciento más 1 de la votación en primera vuelta.

Y, en el país, como se sabe, luego de unas inaugurales y al mismo tiempo atípicas elecciones primarias en cada partido (por la presencia de una sola candidatura) están en carrera nueve binomios, tres (según todas las encuestas realizadas hasta ahora) que lideran: MAS, CC y 21F, y seis con posibilidades de terciar por un cuarto y quinto lugar: UCS, PDC, MNR, MTS, PAN-Bol y FPV.  Según la Constitución (artículo 166), la segunda vuelta tendrá que efectivizarse si el ganador no logra el 50 por ciento más 1 de los votos válidos o no logra 40 por ciento con una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo.

“En una semana podrían haber tres victorias de índole progresista en la región”, destacó a este medio el economista y politólogo español Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), con sede en Buenos Aires, Argentina. “Como decía el expresidente uruguayo José Mujica, el péndulo puede volver a cambiar. Ahora, tampoco cuando se gane en esos tres países se puede decir que América Latina es progresista”, remarca.

Para el politólogo boliviano Franklin Pareja, en cambio, la primera prevención que se debe hacer es que las tres elecciones de octubre son “tres situaciones diferentes”. En Bolivia, a diferencia de lo que pasa en Argentina, antes que un cuestionamiento al actual Gobierno a raíz de una crisis económica y social, lo que hay es una interpelación política: “la legalidad del binomio oficialista y la imparcialidad del órgano rector del proceso (TSE) son, entre otros, grandes cuestionamientos de la ciudadanía; no obstante, la situación económica aún dista mucho de ser considerada ‘crisis’, y ésta suele ser aquí o allende los mares el vector fundamental para la creación de un campo fértil de crecimiento opositor”. La incertidumbre electoral, dice, se basa sobre todo en un “evidente hastío con el gobierno del MAS”.

Serrano (cuando Celag ya llevó adelante en Bolivia al menos dos encuestas) coincide de algún modo en el sentido de que si hay algo que sostiene la posibilidad del MAS de ser gobierno tras la elección de octubre es la estabilidad: “Hay una evaluación positiva en casi todas las áreas de gestión, fundamentalmente en la parte económica, donde la gente en lo social y lo económico siente que la cosa ha ido mejor; y algo que es fundamental, la estabilidad” económica y social.

Argentina en vista a la elección de octubre, en cambio, para ambos analistas sobre todo es crisis económica: “Argentina vive un severo momento de crisis económica (campo fértil para la oposición); tal es su gravedad e impacto en la población que, aunque resulte difícil de creer, en el imaginario popular, la nostalgia por los ‘K’ (Kirchner) es una realidad ‘in crescendo’; en este contexto, el ‘macrismo’ cuenta con la ecuación perfecta para el desastre: crisis económica más perdida de legitimidad; por tanto, su horizonte de corto plazo avizora el peor escenario”, destaca al respecto el politólogo Pareja.

“El 83% de los encuestados en Argentina creía que su situación económica familiar en el último mes había empeorado, o las familias tenían miedo a perder el empleo, o la mitad de la población cree que Macri era ineficaz o le generaba enojo; y, claro, cuando uno ve todo eso, es más fácil acertar; en las tres encuestas que hicimos en Argentina, las tres salieron con victoria a la fórmula de Alberto Fernández (del cual su candidata a vicepresidenta es Cristina Fernández de Kirchner)”. Hay más evidencia, entonces, de un giro.

En cambio, Uruguay es especial, destaca Pareja, por la relativa estabilidad política que alcanzó en los últimos años, con el Frente Amplio (alianza de partidos progresistas) 15 años en el poder y ahora tras un cuarto mandato. “En Uruguay, (no hay) ni lo uno (crisis) ni lo otro (legalidad), es país con problemas propios como es natural, pero donde la institucionalidad es tan robusta que en la política también se expresa en señales claras a diferencia de Bolivia y Argentina. Por ejemplo, hace poco celebró elecciones primarias, las cuales fueron competitivas, su sistema político-partidario evidencia madurez y un grado razonable de democracia interna”.

Luego de las elecciones primarias en Uruguay, Guillermo Javier González, analista del Celag, destaca escenarios más bien intrincados: “Si bien el Partido Nacional [de derecha] se ha impuesto nuevamente este domingo —fue la fuerza más votada en las últimas tres internas—, no es éste necesariamente un indicador de una tendencia de cara a la primera vuelta. De hecho, tanto en 2009 como en 2014, el PN se erigió como el partido más votado en las internas pero, posteriormente, no pudo ratificar en octubre, sucumbiendo ante el Frente Amplio tanto en las primeras vueltas como en los balotajes. Sin embargo, el oficialismo ha recibido un llamado de atención en las urnas. El Frente Amplio obtuvo una votación por debajo de la esperada, evidenciando que la combinación de 15 años consecutivos siendo gobierno y el hecho de enfrentar una elección sin sus históricas figuras será un desafío no menor en la búsqueda de afianzar su proyecto político”.

Como en Bolivia, según las últimas encuestas, en Uruguay, concluye González, pueden pesar los indecisos: “La llave de la elección de octubre bien podría encontrarse en los indecisos, aquellos que aún no tienen decidido su voto o cuya adhesión partidaria es más débil. Quien logre captarlos estará, sin duda, más cerca de hacerse con la presidencia”.

Ahora, ya desde una perspectiva regional, de cómo quedará el mapa político, hay que tener cautela, llama a reflexionar el politólogo Pareja: no esperar giros espectaculares:

“Si consideramos que la región hasta hace poco pareciera haber dado un giro radical en la posición ideológica con la salida de Correa, Lula y Rousseff, Kirchner, Bachelet, Humala y Chávez (aunque el chavismo sigue vigente), la viabilidad de los nuevos líderes no parece estar consolidada. Vemos a un Macri (Argentina) más fuera que dentro, un Bolsonaro (Brasil) que no afianza su gestión y es blanco de ataques permanentes por algunas políticas erráticas e impronta cuestionable en algunos casos, un Vizcarra (Perú) que ha preferido adelantar elecciones ante la insostenibilidad política de su gobierno y un Piñera (Chile) al cual el desempeño económico relativamente aceptable no parece alcanzarle para sofocar la polarización social, la crisis política y el cuestionamiento profundo a las instituciones”.

¿Este panorama precipitará a la región a decantarse nuevamente a dar un giro a la izquierda en el corto plazo?, se pregunta.

“Quizás no, porque lo que está demostrado es que tanto los gobiernos de izquierdas como de derechas mantienen una estructura neopopulista inepta y corrupta en muchos casos, que los hace en términos fácticos más parecidos que antagónicos, situación que constituye una pedagogía política para la población, la cual en su búsqueda de mejoras estructurales, estabilidad y seguridad en el tiempo va comprendiendo que la ubicación en el péndulo ideológico es una estafa popular de grandes proporciones, que no distingue posiciones (ideológicas)”.

Así, Pareja concluye en una provocación: “La nueva configuración regional podría ser más ecléctica, habría gobiernos liberales, progresistas y centristas, con un común denominador en casi todos, su carácter populista. ¿Qué hacer en tiempos electorales ante esta situación?, exigir lo mismo de siempre y lo que no nos dan nunca: democracia de calidad e institucionalidad”.

Fuente:la-razon.com

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