Pese a que el Tribunal Constitucional admitió la prórroga del mandato de diputados y senadores (entre otras autoridades electas), Jimena Costa (de Unidad Demócrata, UD) renunció al cargo el martes 21. En su Informe de Rendición Pública de Cuentas 2015-2020 apunta, entre otras cosas, haber impulsado, sola o junto con otros asambleístas, 9 proyectos de ley, 24 homenajes camarales, 7 denuncias, 3 recursos abstractos de inconstitucionalidad, 4 peticiones de informe oral en comisión y 416 peticiones de informe escrito; refiere además ocho viajes al exterior representando al país. Polémica hasta con su propio partido, de hecho se le acusa de haber dividido a su bancada, Costa admite su intrínseco conflicto con la disciplina partidaria. “Yo no soy orgánica, soy transgénica”, bromea. Con todo, si algo reivindica de los cinco años de la legislatura, es la presencia activa de las mujeres parlamentarias, de oficialismo y oposición.

—Analista, mujer, invitada a postular por un partido… 

—Yo entré al Frente Amplio, que se creó en 2013. Luego vino la alianza con los Demócratas. En la campaña, la mayoría de las voceras departamentales éramos mujeres; las mujeres también encabezamos las listas al Senado y Diputados en casi todos los departamentos. Sí había una receptividad a la participación de las mujeres. Me designaron jefa de bancada con 31 de 32 firmas; el único que no apoyó fue Víctor Gutiérrez, que después se fue al MAS; un apoyo unánime de la bancada que seguro se habrán arrepentido pronto, cuando se dieron cuenta de que yo iba a hacer las cosas en base a mi criterio y no a una imposición que puedan hacer las direcciones, y no de dirigentes nacionales del partido, sino dirigentes de los partidos en la Asamblea. Pero, más allá de victimizarme, les he dado muchos dolores de cabeza. Nunca he sufrido ningún tipo de presión por parte de Samuel Doria Medina, nunca; siempre ha sido absolutamente equilibrado en mis peleas con sus propios dirigentes.

—Pero, ¿cuándo surgían esos roces, eran por temas de fondo o meras formalidades?

—Era la práctica usual, común a todos los partidos. Están habituados a que haya decisiones cupulares; algunos dirigentes, a nivel de cúpulas y que generalmente son hombres, toman decisiones sobre lo que se va a hacer, y luego ‘bajan línea’, como le llaman. Y yo soy de las que no acepto que me den línea, sino argumentos. Yo le he agradecido públicamente a Samuel, pero además, creo que él ha tenido que tener mucha paciencia, porque yo no acepto que me impongan nada. En una organización política, donde se espera un comportamiento más ‘orgánico’, como dicen, yo he debido ser un dolor de cabeza. Muchas veces dije que yo no soy orgánica, soy transgénica.

—Pero, ¿no le trajo problemas?

—Me han acusado de haber dividido a la bancada, pero creo que no fue eso; lo que ocurrió fue un parteaguas: la denuncia que hice a mi suplente [Amilcar Barral] por corrupción, por quitarle recursos a los funcionarios. Ahí hubo una parte de la bancada que apoyaba a Barral y otra que me apoyaba incondicionalmente, que decía que no estamos ni para socapar ni para proteger a ningún corrupto. Fue un tema de ética.

—Se reivindica mucho el 50-50 en la Asamblea en género, pero ¿cómo fue ello en la práctica?

—Bolivia ha avanzado muchísimo en la participación de las mujeres. La pregunta es ¿si hay más mujeres, esto significa que hay mayor participación? Si bien hay un porcentaje de mujeres que nunca abre la boca, igual que muchos hombres, o hay otras tantas que se sientan, van, comen y se salen, igual que varios hombres, también hay otras mujeres que han trabajado mucho, igual que algunos hombres. En la evaluación interna que hice de los parlamentarios que con mayor frecuencia participan en la toma de decisiones, cuando se discuten temas de fondo, determiné que de 16 que son los que más participamos, 12 éramos mujeres. Es decir, el hecho de que haya una cuota del 50% es positivo, pero el hecho de que hoy haya más mujeres que hombres, no significa que todas son geniales, hay algunas flojas, algunas corruptas, otras que son obedientes del patriarca, pero en términos de resultado general es muy exitoso, porque a la hora de ver quién decide, quién incide en la toma de decisiones legislativas, encuentras que ha habido un grupo de mujeres mucho más grande que el de varones. Te puedo poner nombres: en el MAS estaban Gabriela Montaño, Susana Rivero, Romina Pérez, Betty Yañíquez, Sonia Brito, Valeria Silva; y del lado de UD y del PDC (Partido Demócrata Cristiano) eran Jhovana Jordán, Norma Piérola, Lourdes Millares, Fernanda San Martín, intermitentemente Shirley Franco, la propia María Calcina. Tú encuentras que hay una mayor participación regular de las mujeres a la hora de tomar decisiones. Es una lección muy importante hacia el país, que vale la pena dar más espacios.

—También tuvo grandes temas, de permanente preocupación.

—Son al menos cinco los grandes temas. Coca y narcotráfico, he estado dos años en el Comité de Hoja de Coca. Obviamente el tema de las mujeres y su participación y sus derechos más allá del acoso, la mujer y la igualdad. El tema de la transparencia y el acceso a la información pública, uno de los que más me ha preocupado pero con muy pocos resultados en la gestión, porque han rechazado (el proyecto de) la ley de acceso a la información, de regulación de publicidad e información gubernamental. El cuarto tema ha sido el de la deuda externa, he estado haciendo seguimiento los cinco años de los contratos de deuda externa que han hecho los gobiernos de Evo Morales desde 2006. Son casi 200 contratos de deuda. La deuda que Evo Morales ha contratado para el país, a enero de 2020, es de alrededor de 14.100 millones de dólares. Siempre se habla de 10.000 millones, desembolsados, pero resulta que contratados son 4.000 millones más. El ritmo de endeudamiento era realmente escandaloso, de hasta mil millones por semestre en algún momento. Por último, junto con otras parlamentarias, hemos trabajado el tema de la defensa del medioambiente. Yo presenté la (propuesta de) ley de abrogación de la 441 en 2017; esa ley es la madre del cordero para los incendios en la Chiquitanía, que amplía de cinco a 20 hectáreas los desmontes. Antes de retirarme de la Cámara he vuelto a reponer ese proyecto para abrogar la 441, a ver si lo tratan aún sin estar yo.

—¿Lo deseable del legislador?

—Hay mucho que se puede hacer. La prueba es el informe de gestión que he presentado. Cuando uno quiere trabajar, trabaja, no necesitas que te nombren en un comité o en una comisión o directiva para cumplir tu tarea. Yo en estos años he estado un año de jefe de bancada, dos en comité, de secretaria, y dos años en el llano siendo nada, y ninguna de estas cosas ha impedido que cumpla con mi trabajo. Creo que lo que más falta es compromiso. La mayoría de los legisladores acaban yendo a trabajar dos o tres días a la semana a La Paz en el mejor de los casos, y hay otros que llegan a trabajar a La Paz dos o tres días al mes; y hacen conferencia de prensa en la plaza, para que se los vea, pero en realidad su trabajo de fiscalización, de legislación, trabajo en comisiones mixtas, es nulo.

—En su informe habla de más de 400 peticiones de informe escrito.

—Yo he visto a diputados o senadores que cada que solicitan una petición de informe hacen conferencia de prensa, y a petición de informe escrito esperan ocho meses que les respondan y hacen luego otra petición de informe escrito. Yo he hecho en promedio una y media peticiones a la semana, sin parar, ni en vacaciones, 416. Hay limitaciones cuando no tienes oficina, un escritorio, pero eso genera un problema de otra índole muy desagradable: a la hora de definir comisiones y comités, los diputados se matan por tener una oficina sin tener ideas y estar capacitados para tratar los temas que se tocan en esa comisión. Entonces, creo que depende mucho de la convicción, del compromiso que uno tenga, y de la ética. Porque tampoco se puede negar que hay algunos que pelean para tener comisión o comité para tener personal que contratar y luego robarle un poco de la plata del sueldo. Barral no ha sido ni es el único y ni es de la minoría. Y cuando haces lío de eso, te vuelves un personaje poco apreciable. Pero bueno, una duerme bien.

—¿Analista nuevamente, tras la actividad política? Al periodista que hace lo mismo le cuesta… 

—Me ha pasado lo contrario, y creo es porque no he dejado el análisis político en estos años; no he perdido el equilibrio, he seguido siendo opositora sin necesidad de abandonar la autocrítica a la oposición. Agradezco, primero a los periodistas, a los medios que me han invitado; le agradezco a la gente que ha festejado en las redes sociales; pero también implica un compromiso y la responsabilidad de seguir siendo serios, con el dato detrás, no dar una opinión sin respaldo. Mientras una mantiene la seriedad, también se puede mantener la credibilidad.

Jimena Costa Benavides. Aclara que fue diputada por UD siendo parte de un anterior Frente Amplio (FA). Revela que una parte del FA se alejó por algo que en principio ella desconocía: la condición de Rubén Costas de que el FA desaparezca para la alianza Demócratas-Unidad Nacional.

Datos

Nombre: Ana Jimena Costa Benavides

Nació: 16 de octubre de 1964, en La Paz.

Profesión: Politóloga.

Ocupación: Investigadora, docente universitaria.

Perfil

Licenciada en Ciencias Políticas por la UMSA; Maestra en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO).

Fuente:la-razon.com

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