Hubo dos hechos que precipitaron la renuncia

Mañana, 10 de febrero, se cumplen tres meses de la renuncia de Evo Morales. Vale la pena el recuento de esos días en que el país dio un giro todavía de inciertas consecuencias. La cuenta hacia atrás en realidad empezó el sábado 9 de noviembre, según refieren las fuentes, entonces del oficialismo, consultadas por este medio; éstas pidieron no ser identificadas porque todavía hoy, a tres meses de los hechos, siguen abiertas varias heridas. Fueron citados a una reunión con Morales a las 20.30 en el hangar de El Alto, “porque ya se habían entrado a la plaza Murillo [se la cercó, en realidad] y todo fue tomado; todavía estaba Víctor Borda [uno de los que al día siguiente renunció —según dijo— obligado, porque le secuestraron al hermano y le habían quemado la casa en Potosí]; acudieron al llamado todos los ministros, menos Manuel Canelas y Diego Pary”.

En el curso de la tarde de ese sábado, en conferencia de prensa, Morales había llamado al diálogo a los partidos que habían logrado entrar a la Asamblea Legislativa Plurinacional en las elecciones del 20 de octubre. También ese día, tras 20 días de conflicto, las Fuerzas Armadas se pronunciaron por primera vez y anunciaron: “Nunca nos enfrentaremos con el pueblo, a quien nos debemos…” “Ahí empieza el debate y justo los más afectados [César Navarro, ministro de Minería, entre ellos] le dicen al Presidente: ‘Convoca al diálogo, ya es insostenible’”.

Poco después, cuentan nuestros entrevistados, llegó el excanciller Diego Pary, trayendo en mano el informe de la OEA (Organización de Estados Americanos, que desde el 31 de octubre llevaba adelante la auditoría del resultado electoral), “y empezó la desesperación de Pary y (Héctor) Arce (ministro de Justicia en ese entonces) para hablar con Luis Almagro (secretario general de la OEA); el informe decía falsamente que había más votos que inscritos en Buenos Aires, y a Almagro no le dio la gana de contestar el teléfono; su jefe de protocolo o algo así dijo que Almagro estaba no sé si en las Islas Caimán o en las islas Bahamas, pero que estaba de vacaciones. Evo tuvo que hablar personalmente con él [con el jefe de protocolo] y a puro putazo le dijo que ‘usted va a provocar que aquí mucha gente muera, se van a enfrentar, esto es parte de un golpe de Estado’, y el tipo le dijo ‘le comunicaré [a Almagro] lo que usted piensa’”.

De nuevo se volvió a debatir qué hacer. Había desde las posiciones más duras, en especial de dos ministros, que decían que no hay que ceder, que se debe enfrentar el “golpe” hasta el final, que todavía se podía movilizar a la gente… “pero nosotros ya estábamos hechos pelota”, relata una de nuestras fuentes. Alguien le dijo:

“Presidente, esto nos va a golpear mucho, no queda otra que convocar a nuevas elecciones, llamemos a una conferencia…”, pero ya eran la 10.30 de la noche y ya no daba para convocar a ninguna conferencia. “Nos habían dicho que el informe (de la OEA) iba a salir temprano. Así, se decidió programar la conferencia para las 06.00 del domingo 10, pero antes, a las 05 .00 a 06.00, ya se hizo público el informe electoral”. En el mismo, que en realidad era un informe preliminar, se adelantaba que se había detectado manipulación informática y que no era posible “garantizar la integridad de los datos y dar certeza de los resultados”.

Les convocaron para el día siguiente (domingo 10 de noviembre) para las 09.00, también en El Alto. “Yo llegué —cuenta una de nuestras fuentes— y ya estaba todo en desorden, ya estaba renunciando todo el mundo, Navarro, Borda; había un dirigente de Potosí, de la [Central] Única [de Campesinos], a quien le tenían secuestrada a su niñita de ocho años. Le llamamos a Borda y él contestó llorando, ‘han secuestrado a mi hermano, están quemando mi casa’. Le pasamos el teléfono al Presidente, ‘Víctor quiere hablar con usted’, y él le dijo ‘voy a tener que renunciar’, Presidente’”.

En ese estado de crisis, finalmente ¿qué llevó a Evo Morales a decidir su renuncia? Varios coinciden: en primer lugar, “lo de Guarachi…” Juan Carlos Guarachi, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), en recientes encuentros previos con Morales no había mencionado nada de la renuncia de Evo, insisten varias fuentes. Pero a pocas horas de que Morales, el domingo 10 en la mañana anunciara nuevas elecciones con un renovado tribunal electoral, el secretario ejecutivo, a nombre de la COB, pedía la renuncia de Morales. “Le pedimos al Presidente que reflexione en ese pedido que tiene el pueblo boliviano, si es por el bien del país, si es por la salud del país, que renuncie nuestro Presidente”, dijo el dirigente cobista.

“Vimos que Evo se desesperó por eso, se preocupó, nos pidió que revisáramos la nota, y le dijimos, ‘Presidente, eso es lo que dijo’. Y yo vi que eso le golpeó”.

Después de lo de Guarachi, llegó una nota de la Fuerza Aérea, a Juan Ramón Quintana (entonces ministro de la Presidencia), relata la fuente, “que decía que cualquier uso del espacio aéreo tiene que ser autorizado por el comandante de la Fuerza Aérea… Ya los militares estaban operando. Pero Juan Ramón incluso le dijo: ‘No, Presidente, hay avisos de que aviones extranjeros están sobrevolando’, que tal vez era por eso. Y, la verdad, no le dimos bola al tema”.

Pero lo que terminó de decidir la renuncia de Morales, señala otra fuente, fue lo de Challapata.

Esa mañana, los medios informaron de cuatro mineros heridos por armas de fuego, luego de que una caravana de buses de cooperativistas y universitarios, que intentaban llegar a La Paz para sumarse a la protesta contra el Gobierno, fuera emboscada por campesinos a la altura de la comunidad Playa Verde, en el municipio de Challapata, Oruro. “Y le llega el aviso al Presidente de que el Ejército iba a intervenir, iban a entrarse a los puntos de bloqueo. Ahí fue que Evo dijo: ‘Yo no voy a permitir que las Fuerzas Armadas se levanten contra el pueblo. Renuncio’”.

Ya como a las seis de la tarde, las Fuerzas Armadas pidieron la renuncia de Morales. En un comunicado que leyó el comandante en jefe de la institución castrense, Williams Kaliman, se le pedía a Morales: “Ante la escalada de conflictos que atraviesa el país y velando por la vida, la seguridad y la garantía del imperio de la Constitución (…) sugerimos al Presidente del Estado que renuncie”.

Hasta ese momento, señalan nuestros entrevistados, todavía no se había decidido la renuncia de la senadora Adriana Salvatierra a la presidencia de la Cámara de Senadores, pues renunciando Presidente y Vicepresidente, la Jefatura del Estado, por sucesión constitucional, le correspondía a Salvatierra.

Pero era claro, coinciden todos, que con la Policía amotinada y con unas Fuerzas Armadas que “sugieren” la renuncia, no era posible ninguna sucesión regular. La posición ahora contraria al Gobierno por parte de las Fuerzas Armadas se mantuvo y eso precipitó la renuncia de todos los directivos masistas en ambas cámaras.  

Y, tal como testimonia luego Ricardo Paz, vocero de Comunidad Ciudadana (CC), quien estuvo en las reuniones de pacificación, la primera preocupación de los legisladores masistas (los únicos, y no todos, que en ese momento salieron en representación del MAS) fue que Evo Morales dejara el país con vida.

Aún hay un hecho que Morales reveló luego en Argentina y que también testimonió el dirigente cocalero Andrónico Rodríguez: cuando Evo se fue a Villa Tunari, todos lo esperaban, como siempre, en la terminal comercial civil, pero con extrañeza vieron, según Rodríguez, que el avión presidencial fue conducido al hangar militar. “Andrónico cuenta cómo todos se fueron allí en camionetas y que fue Álvaro quien se peleó: ‘Si no lo dejan salir, aquí habrá una masacre, hay más campesinos afuera que militares’.

Dejaron que Evo baje, pero ya no le autorizaron siquiera el uso del avión. Y ahí se entera de que le pusieron precio a su cabeza. Y entonces renuncia…”

Los cinco errores del MAS, para el debate

El Movimiento Al Socialismo (MAS) hoy debe empezar a reconstruir la historia inmediata del derrocamiento de Evo Morales reconociendo sus errores, coinciden las fuentes exoficialistas consultadas. Para la caída del gobierno del MAS, señalan, hubo al menos cinco errores.

Primero, fue el real distanciamiento entre el partido, el gobierno y los movimientos sociales, una “burocratización de nuestra revolución democrática y cultural, que para mandar obedeciendo se necesitaba prácticamente de un intermediario”.

Segundo, pensar que se estaba enfrentando un proceso electoral, cuando lo que se veía venir era un “golpe de Estado”; pero es que hasta el propio Evo lo dijo en la campaña y la mayoría del MAS descreyó de ello, y “claro, lo hicimos callar al Presidente”.

Tercero. Otro error es que en varios tramos de la crisis, el MAS reaccionó “tarde y mal”. “Los movilizados de apoyo al gobierno no tenían ayuda ni del propio gobierno, durmieron sobre cartones”.

“El Presidente no escuchaba. En la última reunión de bancada, el jueves, antes del golpe, Víctor Borda le dijo ‘Presidente, convoca al diálogo’; y él dijo que no”.

Contra esto, hubo facciones en el Ejecutivo y en el Legislativo que por su propia cuenta impulsaban mecanismos de diálogo.

Cuarto. “No hubo una decisión firme ni de movilizar y confrontar abiertamente [que era una alternativa] ni de apostar por la ruta cierta del diálogo [la otra opción]”. Una dirigente cuenta cómo el 2 de noviembre, cuando todos estaban preparando movilizarse, el Presidente dijo ‘pacifiquemos’ y eso para muchos fue la desmovilización; le dijeron, cuenta: “No nos paren; si nosotros nos desmovilizamos ahora, no vamos a volver a salir con la misma fuerza”. Y siempre el discurso era, coinciden todos, “esperemos el informe de la OEA”.

Quinto: de algún modo se apostó al “vacío de poder, para que en el caos la gente pida que vuelva el Evo” o al menos eso se creyó en ese momento.

Fuente:la-razon.com

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