Reuniones bajo vacío de poder

Con el 10-12 de febrero también serán tres meses de las intensas reuniones entre oficialistas y opositores de entonces que hubo entre la renuncia de Evo Morales (la noche del domingo 10 de noviembre) y la posesión de Jeanine Áñez (el martes 12). Intensas no solo por la discusión sobre cómo sustituir al mandatario renunciante, sino también por el ambiente hostil y hasta criminal que rodeaba dichas reuniones: Waldo Albarracín, que acudió a una reunión como miembro del Conade, tuvo que dejar el encuentro pues en pleno intercambio de ideas le advirtieron que gente estaba yendo a quemar su casa. También es bueno ver cómo la Asamblea Legislativa Plurinacional, el espacio idóneo para la sucesión presidencial, esos días tuvo un funcionamiento crítico.

Sin duda, en primer lugar interesa la cita inmediatamente posterior a la renuncia de Evo Morales, la del domingo 10 por la noche. Al respecto, Jerjes Justiniano, exministro de la Presidencia, aclara que dicha cita no se la convocó a causa de la renuncia de Morales; ya había sido concertada y más bien tuvo que cambiarse completamente el orden del día. “La reunión ya había sido concertada antes de la renuncia de Evo; cuando se llegó a ésta, se tuvo que cambiar completamente el temario pues ya había renunciado Morales”.

También Walter Mur, asesor de prensa de la Unión Europea (UE), ya en el contexto de lo que llama la “historia de la pacificación”, señala que estas reuniones tuvieron el antecedente clave de una cita con el mismísimo Presidente de entonces.

“La historia de la pacificación comenzó con una reunión, y esta es una revelación de la que nunca se habló, entre la jerarquía católica y el todavía presidente Evo Morales. Allí, los días posteriores a la elección, cuando ya se calentaba demasiado el termómetro social, la Iglesia conversó de la necesidad de pacificar el país, Evo habría al menos dado una señal positiva”.

Mur, en el Foro Internacional de Comunicación Política, organizado por la Utepsa (Universidad Tecnológica Privada de Santa Cruz de la Sierra), incluso revela que luego hubo otras dos reuniones separadas, aunque en el mismo sentido: una entre la UE y el alcalde de La Paz, Luis Revilla; y otra con el entonces ministro de Comunicación, Manuel Canelas.

Claro que se coincidía en la necesidad de “encontrar espacios de diálogo”, aunque no se tenía claro “el objeto ni la forma”.

Pero sin duda, es la renuncia de Evo Morales lo que precipita todo, el domingo 10; es ese momento, dice Mur, que se organizan las reuniones de lo que luego se llamó “el equipo de mediación”, conformado básicamente por, la Iglesia Católica representada por el arzobispo de El Alto, la UE, España, y posteriormente la ONU (el Secretario General, Antonio Guterres, envió al país a Jean Arnault, que está en esta misión desde el 15 de noviembre de 2019).

La nueva agenda, coinciden los entrevistados, ya fue la sucesión presidencial. Justiniano, que estuvo allí, cuenta: “En esa primera reunión no hubo asambleístas [del Legislativo Plurinacional]. Al día siguiente hubo otra reunión, a la que ya fueron asambleístas”.

Fue en esa primera reunión, cuenta Justiniano, que hubo al menos dos “discusiones jurídicas”: cómo había que hacer la sucesión y si se debía convocar o no a la Asamblea Legislativa para posibilitar dicha transición.

“No se eligió a nadie; simplemente hubo una discusión jurídica de la sucesión constitucional. Había quienes decían que, dadas las renuncias de Salvatierra y el segundo vicepresidente, debía pasar a Diputados; otros, que no, que tiene que agotarse la sucesión en el Senado”.

“La razón de estas reuniones era qué se hacía con el vacío de poder”, destaca el representante de Comunidad Ciudadana, Ricardo Paz.

Paz también relata que fue él quien llamó a Jeanine Áñez para preguntarle sobre su disposición de asumir la presidencia. “Le llamé yo, delante de todos y la puse en spiker [altavoz] y lo que se le preguntó es que si estaba dispuesta a asumir el mando del país y ella dijo que sí, delante de todos”. En relación a la aceptación de Áñez, el exministro Justiniano aún revela un hecho central: el apoyo cívico que demandaba para su presidencia. “Fue ahí cuando Áñez dijo que aceptaba, pero a condición de que le apoye el movimiento cívico; ella dijo que sí aceptaría después de que el movimiento cívico la apoyara, esa fue la condición que puso; lo que luego dijo a los medios”.

Claro, como señaló a los medios en ese momento al senadora Adriana Salvatierra, la prioridad del MAS el lunes 11 era que Evo Morales (junto con Álvaro García y la exministra de Salud Gabriela Montaño) salga con vida hacia el exterior, dado las señales de riesgo que dio la serie de prohibiciones y permisos del uso del espacio aéreo en varios países de la región; algunos simplemente prohibieron el sobrevuelo de Morales encima de su territorio.

Justiniano lo confirma al sostener que incluso algunos legisladores del MAS le “consultaron” si “autorizaba” la salida de Morales. “Mi opinión era que mientras Evo esté más lejos, mejor”. En el mismo sentido, al parecer, lo captó en el aire el expresidente Jorge Tuto Quiroga, que, coinciden masistas y opositores al MAS, fue actor clave para la salida de Morales: “Es muy interesante que cuando uno es presidente tiene muchos edecanes, que años más tarde llegan a ser jefes militares, pero mantienen el mismo celular, gracias a ello se lograron contactos claves para las autorizaciones de la salida aérea del expresidente”, revela Mur la circunstancia.

Y como adelantara Justiniano, luego el debate era el rol de la Asamblea en la sucesión.

Aquí, la lógica que correspondía era, señala la diputada por el MAS Sonia Brito, que al señalar la Constitución la sucesión de presidencia a presidencia (Senado-Diputados), excluye las vicepresidencias en ambos casos. Así, al renunciar Salvatierra y Borda, lo que correspondía era convocar a la Asamblea, recomponer las directivas de ambas cámaras y, en el caso del Senado, al elegir a su nuevo presidente o presidenta y viabilizar su sucesión a la presidencia del Estado. No se hizo esto y ahí estuvo el atropello, afirma. En contraposición, el diputado Gonzalo Barrientos, de Unidad Demócrata, afirma que la sucesión presidencial no depende de la Asamblea Legislativa. “La Constitución es sabia, pues establece que la sucesión no requería de ninguna sesión parlamentaria”. Es un hecho automático, enfatiza; por eso se pudo proceder a la asunción del mando de Jeanine Áñez, “la sexta en sucesión, la segunda vicepresidenta; así lo interpretó el Tribunal Constitucional y así se procedió”, concluye Paz.

Fuente:la-razon.com

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