Vida Digna, refugio y esperanza para niñas y adolescentes madres

María Angélica Michel /  Tarija

El centro de acogida Vida Digna en Tarija alberga a niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual, muchas de ellas madres. El trabajo de la institución  tiene el objetivo de prevenir, sanar y devolverles la esperanza de una vida mejor.

Además de techo y comida, las niñas y adolescentes reciben apoyo psicológico, a lo que se suma una terapia ocupacional y un asesoramiento legal, si es que ellas deciden buscar justicia. Todo esto con el objetivo de que al dejar el  centro puedan enfrentar la vida y generar sus propios ingresos, tanto para ellas como para sus hijos.

En talleres, como el de panadería, se capacita  a las jóvenes.

“Desde hace 10 años el centro Vida Digna ofrece terapia psicológica, alternativa que ayuda a liberar el estrés y las emociones que se cargan cuando se vive situaciones de violencia. Al mismo  tiempo, cuenta con terapias de estimulación temprana para los niños”, dice Magaly Vargas, directora de Mujeres en Acción y de Vida Digna.

De acuerdo  con datos de la Dirección Nacional de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (Felcv), en 2019 se registraron alrededor de 2.849 casos de violencia contra niños, niñas y adolescentes. De ese total, 1.000 correspondieron a casos de abuso sexual y  553 fueron tipificados como violación. Los datos corresponden de enero a agosto de 2019.

El Ministerio Público establece que cada día se reportan  en Bolivia al menos 13 casos vinculados a delitos sexuales cometidos contra niños, niñas y adolescentes, entre abuso sexual, acoso sexual, estupro y violación. A base de datos de 2018, el Ministerio de Justicia señala que cada día se registran entre tres y cuatro casos de violaciones a menores.

En ese escenario, Vida Digna se constituye en la única institución del sur de Bolivia que brinda el servicio de atención a estas víctimas. Hasta  el centro, cada día  llegan niñas y jóvenes desde los  municipios del departamento de Tarija e incluso de

El albergue recibe  a niñas y adolescentes víctimas de violación sexual.

Chuquisaca y Potosí. 

“Este es un centro de apoyo integral a niñas y a adolescentes que pasaron por una situación de violencia sexual, con o sin consecuencia de embarazo”, comenta Marlene Fernández, trabajadora social de Vida Digna. 

Fernández explica que muchas de las niñas y adolescentes que llegan al centro provienen del área rural. Un 80% de ellas, aproximadamente, son  víctimas de violencia sexual en sus hogares y por parte de allegados.

“Ocurre esto cuando la adolescente es carente de afecto, cuando está desprotegida; entonces el agresor aprovecha esa situación. Lo mismo que cuando la joven proviene de una familia en situación de violencia”, señala la trabajadora social.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud publicados por la Coordinadora de la Mujer, Bolivia es el segundo país con las cifras más altas de violencia sexual de la región. 

Fernández considera que es primordial que se trabaje en la prevención de este tipo de violencia a partir de políticas de Estado, como la educación sexual y reproductiva. A ello  debe sumarse la atención inmediata y efectiva de las denuncias para evitar la revictimización  de las afectadas.

“Todos tenemos una misión en lo que es el cuidado de la vida (…) fundamentalmente hablar de lo que significa el respeto entre varones y mujeres, y promover la comunicación al interior de la familia; así iremos reduciendo los círculos de violencia”, sostiene la directora de Vida Digna.

En el centro, además del componente de prevención, se trabaja con la atención de las niñas y adolescentes en su entorno familiar y  en su comunidad. El proceso también alcanza a servidores públicos garantes de derechos, defensorías, Felcv,  personal de salud y en otras instancias.

Si están embarazadas se quedan en el centro con sus bebés.

Víctimas sin culpa

Si las víctimas están embarazadas se las ayuda a asumir la maternidad y,  si es su decisión, pensar en la adopción. “Trabajamos el tema de maternidad, como en la adopción, siempre con acompañamiento psicológico. Es un proceso. Si la adolescente no acepta (la maternidad) se procede a la adopción. Hacemos todo el trabajo para que la menor quede sin culpa. Además, realizamos trámites en la Defensoría y el Sedeges para que el bebé vaya a un hogar”, explica Fernández. 

Hay adolescentes víctimas que optan por la interrupción legal del embarazo, procedimiento que está  contemplado en la  ley cuando como resultado  de la violación hay una fecundación.  De acuerdo con el Sistema Nacional de Información en Salud del Ministerio de Salud, entre 2016 y 2018 en Bolivia 9.552 menores de 14 años resultaron embarazadas. 

En Bolivia la Sentencia Constitucional 206/2014 establece que la violación o incesto es una causal para la interrupción del embarazo. No obstante, hay  reportes que señalan que en ocasiones  el mismo personal de las Defensorías y de los centros de salud  se niegan a realizar el procedimiento. 

En todos los casos se busca “que ellas sientan que éste es su hogar”, asegura Fernández.

Si bien el centro debe regirse por normas de convivencia, existe un ambiente familiar en el cual se trabaja para sanar las heridas que deja la violencia sexual. Los hijos de las adolescentes también reciben lo necesario para su desarrollo físico y emocional.

Las terapias psicológicas son el principal apoyo que reciben las víctimas.

Apoyo psicológico para sanar

En Vida Digna se trabaja en el proyecto de vida de las niñas y adolescentes hasta que cumplen los 18 años. Además de ir al colegio, se capacitan en ramas técnicas para que al salir del hogar cuenten con las herramientas necesarias para enfrentar la vida. 

Pero principalmente se trabaja en sanar sus heridas. Para ese fin las terapias psicológicas son fundamentales. 

Tras haber vivido violencia sexual y psicológica, muchas de las niñas, y  sobre todo las adolescentes, llegan al centro con adicciones e incluso después de haber intentado suicidarse. Otras caen en la victimización y actitudes manipuladoras.

“Por tu culpa mi marido está en la cárcel y tus hermanitos no tiene qué comer, le reprochó una madre a su hija, que fue violada por el padrastro. La adolescente intentó suicidarse en el albergue”, cuentan las funcionarias de Vida Digna, donde los   casos son atendidos mediante la contención, adaptación, además de terapias educativas, clínicas y hasta forenses, a las que se suman las tareas ocupacionales.

Algunas víctimas centran su trauma en la sexualidad, como el caso de las víctimas de estupro, que idealizan a sus agresores y no admiten que sufrieron violación. Con ellas no sólo se trabajan diversas terapias, sino que también se les informa sobre la restitución de sus derechos. Otras menores además son víctimas del rechazo familiar, por lo que también se trabaja con su entorno. 

De acuerdo con  las trabajadoras del centro, las adolescentes madres que aceptan la terapia logran brindar una buena crianza a sus hijos. Pero también hay víctimas que ven a sus agresores  en los ojos de sus hijos, por lo que terminan rechazándolos y entregándolos en adopción. Entonces se procede a los trámites burocráticos, ya que los hijos corren el riesgo de ser violentados o de tener mala conducta y repetir patrones. 

También se prepara a las niñas o adolescentes  para que en el momento   que dejen el centro encuentren justicia; aunque -debido principalmente  a la retardación de justicia- apenas un 20% de los agresores son condenados. “Es muy importante que se haga justicia para que ellas puedan tener tranquilidad y seguir con sus vidas”, afirma Fernández.

El objetivo es que al dejar el centro tengan herramientas para enfrentar la vida.

Forjando la esperanza

Vida Digna  formó una red  con sus egresadas “para que también se  sientan como un referente familiar”. Así no se desvinculan del lugar donde encontraron una segunda oportunidad.

El desafío actual del centro es trabajar con unidades productivas para no depender de los financiamientos foráneos. Se busca que las niñas y adolescentes puedan desarrollar habilidades en panadería, repostería, bisutería, tarjetería y otras áreas. 

Actualmente el Sedeges ayuda con media beca para raciones alimenticias, pero se necesita más apoyo para la atención médica, implementos de higiene personal, medicamentos, pañales, cunas y becas de estudio. 

También se puede colaborar con Vida Digna impartiendo talleres de apoyo pedagógico. “Todo es bienvenido”, expresan las trabajadoras del centro.

Testimonio
Mishel, sobreviviente de violencia sexual
“¿Por qué me hace esto a mí?”

“Hace cuatro años que vine a vivir acá (al centro Vida Digna). Soy mamá de una linda niña que  tiene cinco años. Pasé por violencia sexual, por motivos de la vida. Fui víctima de  un familiar, pero gracias a Dios ya estoy acá y él está pagando  (ante la justicia) por lo que me hizo.

Cuando tenía seis años mi papá se fue de la casa. Después se fue mi mamá,  fue cuando yo tenía nueve;  hasta ahora no sé por qué  se fueron los dos. Con mi hermano nos fuimos a vivir con mis abuelos de parte de padre. Mi abuelita enfermó con diabetes y murió, de ahí me quedé con mi abuelo. Vivíamos en Santa Cruz y nos fuimos a Villa Montes, ahí empezó a pasar todo, el abuso por parte de mi abuelo, a mis 11 años. Me embaracé a los 13 años. 

Sabía que estaba embarazada pero no quería decir nada por miedo, pero cuando el bebé empezó a desarrollarse en mi cuerpo se notó. Una hermana de mi tía política dio parte a la Defensoría. El resto de mi familia no me apoyó, no creían en mí, más bien apoyaban a la otra persona. 

Agradezco hasta hora a esa persona que hizo la denuncia. La Policía fue a la casa y dio la orden de que teníamos que ir a la Defensoría. Mi hermano entró con una psicóloga y yo con otra.

Magaly Vargas,  directora de Mujeres en Acción y de Vida Digna.

Cuando me enteré que ya lo habían agarrado (al abuelo), me sentí aliviada, me sentí protegida al saber que él estaba lejos de nosotros dos. Porque aparte de que me hizo daño a mí, le hacía daño a mi hermano.

Cuando empezaron las agresiones yo me preguntaba  ¿por qué me hace esto a mí? Al principio no sabía qué era lo que él me hacía, pero sabía que me estaba lastimando, yo era una niña.

Sobre el vínculo con mi hija, todos los lunes iba al psicólogo. Gracias a eso pude poner en mi cabeza que la culpable no es ella, ni yo. Tengo que quererla y cuidarla para prevenir el abuso en ella. (…) Antes sentía que no podía hacer nada, pero ahora siento que puedo seguir adelante por mí misma y por mi hija”.

Fuente:paginasiete.bo

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