Washington Post: «La OEA ayudó a socavar, no a restaurar, la democracia en Bolivia»

Artículo de Gabriel Hetland en el Washington Post.

El expresidente de Bolivia Evo Morales habla en Buenos Aires el 21 de febrero. (Juan Ignacio Roncoroni/EPA-EFE/REX/Shutterstock)

Es difícil imaginar que Evo Morales hubiera dejado su cargo en el momento y de la forma como lo hizo –en un golpe cívico-militar– si la Organización de estados Americanos no hubiera encontrado que la elección de 20 de octubre fue fraudulenta. Para estar más seguros, la OEA no derribó a Evo Morales sola. En las semanas antes del golpe, Morales enfrentó amplias protestas y un devastador motín policial.

Las protestas no enfocaron solamente en la elección. Muchos estaban molestos porque se le permitió a Morales ser candidato después de haber perdido el referéndum del 2016 en el que se les pidió a los votantes aprobar su intento de buscar un cuarto mandato. El motín policial se enfocó en el descontento de los oficiales sobre el pago y el pedido que contengan las protestas. Y la derecha boliviana había declarado que Morales podría ganar la elección de octubre solo a través de un fraude meses antes de la votación, esto es, mucho antes que la OEA entrara en la disputa.

Sin embargo, las acciones de la OEA fueron indudablemente importantes para crear un clima en el que un golpe podría no solo tener éxito, sino ser aplaudido como un paso necesario hacia la restauración de la democracia boliviana, como el gobierno estadounidense y los principales medios de comunicación hicieron. La verdad es que ha ocurrido lo contrario. Seguido a la expulsión de Morales, Bolivia ha quedado bajo el control de un régimen autoritario de derecha que ha matado docenas de manifestantes desarmados, detenido a cientos, bloqueado a los investigadores internacionales de derechos humanos, sistemáticamente reprimido a los oponentes políticos, amenazado a periodistas y medios de comunicación, abrazado el racismo y promulgado una agenda de extrema derecha para la que no tiene mandato electoral ni legitimidad constitucional.

La pregunta sobre si la OEA estaba justificada para declarar como fraudulenta la elección de octubre, tiene mucha importancia. En un reciente artículo publicado en The Post, John Curiel y Jack R, Williams, investigadores del Laboratorio de Ciencia y Datos Electorales del MIT concluyeron que la respuesta es que no. Curiel y Williams usaron análisis estadístico para analizar un argumento central hecho por la OEA –inicialmente en un comunicado de prensa de 20 de octubre, 2019– de que hubo un “cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas” seguido de la suspensión durante la noche de la elección del conteo rápido de votos no oficial. Curiel y Williams inequívocamente rechazaron esto, escribiendo: “Como especialistas en integridad de elecciones, encontramos que la evidencia estadística no apoya la declaración de fraude en las elecciones de octubre en Bolivia.”

Los hallazgos de Curiel y Williams corroboran aquellos del Centro para la Investigación Económica y de Políticas (CEPR, por sus siglas en inglés), que ha desafiado fuertemente los alegatos de fraude de la OEA desde que fueron pronunciados. Curiel y Williams fueron, de hecho, contratados por el CEPR para probar, de los hallazgos estadísticos de la propia organización, que la OEA falló en probar el fraude, sin que haya razón para pensar que el CEPR influenció a los investigadores del MIT. La OEA respondió a Curiel y Williams defendiendo su trabajo, incluyendo su análisis estadístico. La OEA también llamó la atención a Curiel y Williams por no tomar en cuenta los argumentos no-estadísticos hechos en el informe final de la OEA sobre la elección.

La OEA se basa en algún fundamento serio? Una cuidadosa lectura de la evidencia muestra que la respuesta es no. La OEA está completamente injustificada en sus declaraciones de que ha probado la existencia de fraude y manipulación internacional del voto. Para ser claros: esto no significa que el CEPR y Curiel y Williams hayan probado que la elección del 20 de octubre fue limpia. Sin embargo han mostrado convincentemente que la alegación de fraude de la OEA es infundada. A través de análisis estadísticos independientes CEPR y Curiel y Williams muestran que no hubo un cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los votos. El incremento en el tiempo de los votos de Morales puede ser explicado basado en su mayor apoyo recibido en los votos contados más tardíamente en el proceso. Y no es sorprendente que este sería el caso ya que Morales tendía a tener buen rendimiento en las áreas rurales y urbanas pobres que generalmente tardan más en reportar los resultados de la votación.

Está claro que la OEA actuó de una manera injustificada y temeraria en Bolivia, ayudando a socavar, no a restaurar, la democracia. Por qué haría esto una organización públicamente comprometida con mantener la democracia? Las palabras y acciones del secretario de la OEA, Luis Almagro, dan una pista.

En vez de condenar los abusos flagrantes de los derechos humanos y las prácticas antidemocráticas en Bolivia, Almagro reconoció el régimen de facto. Almagro también ha hecho alarmantes declaraciones trumpescas sobre Venezuela. El 18 de septiembre, Almagro dijo, “Con respecto a la intervención militar para echar al régimen de Maduro, yo no pienso que esa opción deba ser descartada.” Esto hace difícil evadir la siguiente conclusión: bajo Almagro, la OEA ha expulsado cualquier pretensión de ser un árbitro neutral de la democracia y los derechos humanos y en cambio se ha convertido en un abierto sirviente de la administración Trump y de algunos de los actores políticos de la extrema derecha latinoamericana.

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