El Covid-19 y la Guerra del Pacífico

La cooperación y la complementariedad entre los pueblos cobra nuevos horizontes.

Bolivia, el Mar y las calamidades

Hoy 23 de Marzo de 2020 se recuerdan 141 años de la muerte del héroe boliviano Eduardo Abaroa, en medio de una de las peores pandemias que ha enfrentado la “historia moderna” de la humanidad y que cobra más víctimas mortales alrededor del mundo cada día.

Esta enfermedad con uno de los índices de contagio más altos, al día de hoy se ha expandido a los cinco continentes y ha infectado a más de 330 mil personas. Bolivia, desde el 22 de marzo de 2020, ha ingresado en una medida de prevención de la propagación del virus conocido como Coronavirus o CoVid-19, decretando la cuarentena total en todo el territorio nacional, disponiendo sanciones pecuniarias y arresto para los infractores.

Ambos eventos, la pérdida del litoral boliviano y la tragedia, se entrelazan hoy una vez más.

Roberto Querejazu Calvo, en su libro Guano, Salitre, Sangre transcribe el texto del periódico boliviano El Heraldo, de enero de 1879, que resumía el espíritu de esperanza que se apoderaba de la celebración por el cierre de un mal año: “¡Adiós, año 1878, con tu cortejo de peste, hambre y muerte, luto y orfandad! ¡Salve, año 1879! Al pronunciar tu nombre huyen del lacerado espíritu, la amargura y el dolor. El corazón se llena de ilusiones y esperanzas”.

En efecto, el año 1978 estuvo marcado por pestes de fiebre tifoidea, terremotos, sequías y maremotos que azotaron al pueblo boliviano previo al inicio de la Guerra del Pacífico. Al año siguiente, se daba la invasión de Antofagasta del 14 de febrero de 1879 y la inmolación del héroe boliviano, Eduardo Abaroa, defendiendo el Puente del Topater el 23 de marzo, quien que moría al grito de “Qué se rinda su abuela, ¡Carajo!“.

Así, el Día del Mar en Bolivia se celebra el 23 de marzo de cada año, para recordar la invasión de 1879, para conmemorar la heroica defensa del puente del Topater por Abaroa y la pérdida de la cualidad marítima boliviana (120 mil km2 y 400 km de costa en el Departamento del Litoral). Esta celebración se lleva adelante con sendos desfiles, paradas militares y actos protocolares que se extienden por todo el territorio nacional, junto a cánticos y marchas marciales, que acompañan el imaginario boliviano que nunca ha renunciado a su derecho a un acceso soberano al Océano Pacífico.

En este ideario nacional ha quedado grabado que fueron fuerzas extranjeras impulsadas por intereses económicos relacionados al salitre, el guano y las ricas mineras de cobre las que impulsaron la agresión al pueblo boliviano, convaleciente de un desastroso 1878.

Conmemoración del Día del Mar

Bolivia ha comprometido los actos cívicos del 2020 por el Decreto de cuarentena total, que se alza días antes del 23 marzo, mientras que el vecino pueblo mapuche es también acechado por el mismo virus, y viene de obtener un fallo favorable en la Corte de la Haya, por la demanda boliviana de 2011, y de una larga historia de negación de la controversia que asiste a Bolivia, en cuyo horizonte más extremo tan sólo ha manifestado que en todo caso no se trata de una situación multilateral. Esto al calor de las históricas resoluciones de la Organización de Estados Americanos: No 157 de 6 de agosto de 1975, OEA AG/Res. 426 adoptada el 31 de octubre de 1979 y OEA AG/Res. 686 (XIII-0/83) adoptada el 18 de noviembre de 1983, donde se establece que la demanda marítima boliviana: a) es un interés hemisférico; b) es un diálogo pendiente entre ambos Estados; y c) la OEA va a cooperar para el acercamiento de las partes.

Bolivia está al pendiente de actualizar estas históricas conquistas en el seno del organismo multinacional, para no dejar que caiga en saco roto y vuelva a su estadio de negación de la controversia pendiente.

Amy Sanders, abogada de Bolivia en los alegatos orales de 2018 ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, señalaba de manera contundente que “la Asamblea General identifica reiteradamente en sus Resoluciones, el acceso soberano de Bolivia al mar”, por tanto, “sigue siendo una cuestión pendiente que requiere una solución mediante la negociación”, lo que se reproduce casi textualmente en el fallo leído por el Presidente de la CIJ Abdulqawi Ahmed Yusuf, en el párrafo 176 que señala: “La Corte agrega que su conclusión no debe entenderse como preclusión de los diálogos e intercambios entre las partes, en un espíritu de buena vecindad, para resolver las cuestiones relacionadas con la situación falta de acceso al mar de Bolivia, solución que ambos han reconocido como una cuestión de interés mutuo. Con la voluntad de las partes, se pueden emprender negociaciones significativas“.

El 2020 se hace especialmente importante para recuperar el espíritu que marca el fallo de La Haya, como se lo conoce en Bolivia, y dar encuentro al pueblo chileno para replantear nuevamente esta negociación, “pendiente de resolución” por más de un siglo, en medio de una crisis que azota a ambos pueblos y pone en otro plano la cooperación y la complementariedad que los países hermanos deben tener para beneficio mutuo. No hacerlo comprometería decididamente los intereses del pueblo boliviano y latinoamericano.

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