Cinco mitos sobre golpes de Estado

No, no solo suceden en las naciones más pobres.

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro alega que dos americanos, capturados durante un ataque marítimo fallido esta semana, buscaron derrocarlo. (Marcelo Garcia/AFP/Getty Images)

Por John Chin (publicado en The Washington Post)

En tanto que la inestabilidad política se incrementa junto con el esparcimiento de la pandemia de coronavirus, el parloteo sobre golpes de Estado puede ser escuchado en muchos rincones del mundo. En Libia y Venezuela, los gobiernos han frustrado supuestos complots. En Brasil, mientras el presidente Jair Bolsonaro se enreda en controversias sobre su desdeñosa respuesta al coronavirus, algunos observadores han especulado que los generales de los que depende para apoyarse podrían darle la espalda. Entretanto, en los Estados Unidos, algunos críticos del presidente Trump se preguntaban en Twitter el mes pasado si era “Tiempo para un golpe militar?” Muchos mitos y ambigüedades rodean este tipo de tomas del poder – una toma ilegal del órgano ejecutivo por las élites civiles o actores militares. Aquí hay cinco de ellas.

Mito No. 1

Los golpes de Estado son cosa del pasado.

“Los días de oficiales militares oportunistas haciendo una jugada por el poder parecen haber llegado a su fin,” reportó Axios, luego que el 2018 pasó silenciosamente como el primer año desde 1946 sin un solo intento de golpe de Estado en ningún lugar del mundo, de acuerdo a una base de datos. El proyecto de CoupCast en One Earth Future estima que el riesgo anual global de un intento de golpe de Estado era del 99 por ciento durante el siglo 20 pero cayó en décadas recientes, a 80 por ciento en 2019. Los golpes están “casi extintos” en América Latina, la región que tenía el número más alto desde la II Guerra Mundial, declaró el notable estudioso de golpes Jonathan Powell el 2016.

Aunque los golpes son más raros hoy en día que en su apogeo en las décadas de 1960 y 1970, las afirmaciones triunfalistas son prematuras. Un nuevo estudio sobre colapsos históricos de regímenes encuentra un patrón cíclico más que lineal de golpes desde la Revolución Francesa. Los golpes eran raros a principios del siglo XVIII pero tuvieron mejorías y recaídas en varios ciclos durante los siguientes 300 años. Si la historia se repite a sí misma, los golpes podrían pasar más a menudo en las siguientes décadas.

Bolivia ayuda a ilustrar el problema. Por un largo tiempo, fue el país más propenso a los golpes, experimentando 28 intentos entre 1946 y su transición democrática en 1982. Luego los golpes se volvieron “casi extintos” allí, con el último intento conocido en 1984 – esto es, hasta noviembre, cuando Evo Morales fue derrocado bajo presión militar. Incluso si “viejos golpes,” cuando el ejército ataca en medio de la noche, son cosa del pasado, los años recientes han visto una avalancha de “nuevos golpes,” que tienen lugar durante levantamientos masivos, como en Algeria y Sudán en abril de 2019.

Mito No. 2

Los golpes solo suceden en naciones empobrecidas.

Esta es una concepción eterna. Un estudio clásico, publicado por los economistas políticos John Londegran y Keith Poole en World Politics en 1990, alegaba que la pobreza está “cerca de ser una condición necesaria para golpes.” Dado que los golpes mismos a menudo obstaculizan el crecimiento económico, dice la teoría, los países que los sufren caen en una trampa de golpes, en la que un derrocamiento lleva al empobrecimiento, que lleva a más golpes de Estado. En su bestseller “Los mil millones de abajo,” Paul Collier concluye que Africa se ha convertido en la región más propensa a golpes del mundo precisamente porque es el “epicentro de bajos ingresos y de bajo crecimiento.”

Es verdad que algunos golpes están asociados con la pobreza, particularmente en África, pero, hay otros tipos, también. La base de datos Colpus, una encuesta de golpes que construí con los estudiosos David Carter y Joseph Wright, identifica dos categorías distintas: golpes de cambio de régimen que transforman totalmente el grupo gobernante y las “reglas del juego,” y golpes de reconstrucción de liderazgos que expulsan a los representantes más altos pero no interrumpen las instituciones políticas. Encontramos que la pobreza no está asociada con el segundo tipo, que ha sido el más común de América Latina y ha declinado en las décadas más recientes.

Aunque son raros, los golpes no son imposibles en países desarrollados. En mayo de 1958, generales franceses en Algeria planearon una toma armada en París, terminando su levantamiento solo cuando Charles de Gaulle fue llevado de vuelta al poder. Un golpe de Estado similar contra de Gaulle fue frustrado en 1961 por una resistencia civil masiva. Hoy en día, la creciente polarización es un mal augurio para el riesgo de intentos de golpes de Estado en el Occidente democrático. Uno de los mayores hallazgos del Grupo de Trabajo sobre Inestabilidad Política (GTIP), un grupo de investigación financiado por el gobierno encargado de predecir fallas de los Estados, es que el “faccionalismo político” predice “cambios de régimen adversos.” Desde 1916, los Estados Unidos han visto un aumento en tales divisiones partidistas, llevando a Polity5, otro proyecto de investigación, a degradar el puntaje de la democracia del país por primera vez en más de 50 años.

Mito No. 3

Los golpes son luchas violentas y sangrientas por el poder, como las guerras civiles.

“Cuando juegas el juego de tronos, ganas o mueres,” como lo dijo el show de televisión. “No hay término medio.” Los observadores generalmente contrastan golpes violentos (“balas”) con elecciones no violentas (“votos”), como lo hizo el cientista político Brian P. Klaas en un documento del 2015. Encyclopaedia Britannica llega hasta a definir golpes como “el derrocamiento violento y súbito de un gobierno existente por un pequeño grupo,” agrupándolos con rebeliones y revoluciones como una forma colectiva de violencia. Los investigadores de GTIP de la misma manera a menudo analizan golpes junto con guerras civiles revolucionarias o étnicas, genocidios y magnicidios.

A diferencia de los conflictos armados y guerras civiles, lucha y muerte no son características que definan los golpes. En efecto, todo intento de golpe involucra el menos la amenaza implícita de la fuerza, pero menos de la mitad resultan en muertes, de acuerdo con información compilada por la cientista política Erica De Bruin. Mis propios datos sugieren que el 80 por ciento de los intentos de golpes bajo una autocracia involucraron amenazas explícitas de fuerza, menos del 60 por ciento tuvo disparos de bala, menos del 15 por ciento llevó a al menos 25 muertes (un umbral estándar entre los estudiosos de conflictos armados) y solo el 1 por ciento escaló a una lucha que causó al menos 1.000 muertes (un umbral estándar en guerras civiles). En el “golpe médico” de Túnez en noviembre de 1987, por ejemplo, el presidente Habib Bourguiba fue echado por el Primer Ministro Zine-el-Abidine Ben Ali, quien envió médicos al palacio presidencial en medio de la noche para examinar a Bourguiba y lo declaró incompetente. Como alega Naunihal Singh, los golpes pueden ser mejor pensados como complejos “juegos de coordinación” más que como “batallas inclinadas” entre facciones militares.

Mito No. 4

Los golpes siempre promueven la inestabilidad política.

Si expulsan a un ejecutivo en funciones por la fuerza, es natural asumir que los golpes debilitan los regímenes y aceleran su desaparición. Frustrar la voluntad del pueblo supuestamente invita al desafío y resulta en una “continua inestabilidad política y una política iliberal,” de acuerdo con lo señalado por los cientistas políticos Kevin Koehler y Holger Albretch, en un documento de 2019 para la revista Armed Forces & Society.

Aunque todos los golpes exitosos socavan a los líderes titulares o constitucionales, los esfuerzos fallidos de un cambio de régimen pueden promover la prórroga de los líderes y sistemas, toda vez que pueden ser usados para justificar la personalización del poder y una mayor represión de los oponentes. Luego de sobrevivir varios intentos de invasión y complots de golpes de Estado en las décadas de 1950 y 1960, por ejemplo, François “Papa Doc” Duvallier comenzó a destruir la capacidad organizacional de los militares, apoyándose en una milicia, la Tonton Macoute, responsable sólo ante él.Por su parte, los golpes de reorganización del liderazgo pueden servir como un mecanismo efectivo de responsabilidad que fortalece un régimen al remover al líder principal percibido como débil. Los “golpes de veto” exitosos que bloquean a la nuevas élites de llegar al poder pueden dar vida fresca a regímenes amenazados. Pero un golpe de veto fallido, como en la Unión Soviética en 1991, puede acelerar la desaparición del régimen.

Mito No. 5

Los golpes son siempre malos para la democracia.

La sabiduría convencional sostiene que los golpes militares son anti-democráticos por su misma naturaleza, así como en sus efectos políticos. Después de todo, involucran movidas inconstitucionales por actores no electos, y es verdad que han sido la principal causa de transiciones a dictaduras desde 1946. Algunos prominentes estudiosos incluso usan “golpe” como abreviatura de cualquier quiebre democrático. Nueve de 10 golpes contra líderes democráticos efectivamente llevaron a la muerte de la democracia, de acuerdo con la base de datos Colpus. Este fue el destino de Chile en 1973, por ejemplo, cuando salvador Allende fue derrocado.

Pero algunos golpes contra líderes democráticos no han resultado en quiebres democráticos, principalmente porque los golpistas entregaron el poder al siguiente en la línea constitucional o pronto presidieron nuevas elecciones democráticas. Tal situación sucedió en Honduras el 2009, cuando los militares forzaron a Manuel Zelaya al exilio pero rápidamente sostuvieron nuevas elecciones que llevaron a Porfirio Lobo al poder. Todavía, la hipótesis del “buen golpe” (la idea entre algunos estudiosos de que intentos de golpe contra dictadores por lo general promueven la democracia) es también inocente. Solo unos cuantos intentos –particularmente aquellos que derrocaron dictadores personalistas atrincherados– tienen algún chance de promover un cambio hacia la democracia.

Twitter: @johnchinphd

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