Reseña: El cuerpo VIHVO / El cuerpo muerto

Reseña de "Sarcoma" de Edgar Soliz Guzmán

Desde la terrible peste con que se abre la Ilíada hasta el terminal cáncer que acongoja al yo lírico en Ángeles del miedo, la enfermedad ha sido motivo de imagen poética a lo largo de la historia literaria. No son pocas las veces que el cuerpo incomoda, enfermo hasta el desenfreno, y tampoco aquellas en las que, más bien, causa un éxtasis eyaculatorio que raya lo místico. Si en su primer poemario Eucaristicón (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2016), Edgar Soliz se vale de la palabra homo erótica para metaforizar una situación que excede al poder de la palabra: el éxtasis sacrificial del Hijo; en el caso de Sarcoma, este exceso, aquello indecible e inasible por la letra, es la enfermedad del VIH, dolor que no encuentra asidero escrito a no ser en la palabra que dice el orgasmo maricón.

El cuerpo es inhabitable porque contiene una enfermedad inevitable: es un cuerpo ungido de formol y empañado en la soledad de la noche. Es también uno con el sexo enmohecido que sólo va a encontrarse deseado en la enfermedad/dolor, ente fatal, de cuya unión erótica va a nacer la muerte: morir es un vaciarse el semen ponzoñoso. Y más aún, el único amor posible en tamaña fatalidad va a ser aquel que sexualice los restos del cuerpo ya deshecho, el orgasmo es “TRIZADURA DE CUERPO AL ARBITRIO DE LA TRAGEDIA PARA PERDER LA CARNE QUE SE DESHACE EN VERBOS”. Y el hablante va a terminar siendo un algo ilegible, pues finalmente la enfermedad “es lo único real que queda”.

Esta vivencia corporal del dolor sólo va a encontrar asidero en la palabra. El destino mortuorio llega “letra por letra”, se trata además de un dolor que “escribe sus señales en la grafía del tormento” o que se lee “en sus labios”. Se trata de una enfermedad que “me escribe ocupando el aire putrefacto”. El VIH habita al yo lírico a través de la escritura; mientras el hablante se define a sí mismo a través de sus lecturas, invocando en epígrafes y citas a Pedro Lemebel, Reinaldo Arenas, Mario Bellatín, Pablo Pérez, Fernando Vallejo y Severo Sarduy, para construir así su árbol genealógico de maricona filiación. La palabra adquiere una impronta tal en el cuerpo que el dolor se imagina en tanto “[v]eneno y antídoto / destila mi sangre conforme / eyaculo”, orgasmo que se traduce en un exceso de la palabra: “eyaculo” se repite veintidós veces seguidas en el poema.

Los pies de página, que son recurso tradicional del lenguaje crítico-académico, son en el poemario una excusa para la nominación poética del cuerpo enfermo. Son seis las palabras honradas con un superíndice que las defina: nombre, desahuciado, , morir, sidático, ofrenda. A la vez que, en el pie, estos términos se definen paralelamente como: carroñadeshechoánimacadávercuerpo, memoria. En Sarcoma el yo lírico encarna un proceso donde delimita su identidad verbal (nombre que se hace carroña; el  que contiene el ánima) y se define a partir de una enfermedad (desahuciado el enfermo se hará deshecho; lo sidático define al cuerpo) y de su inevitable defunción (el morir en el que el cuerpo deviene cadáver; la ofrenda donde el yo lírico se hará memoria ritual). 

Sarcoma se trata, en última instancia, de una imagen erótica de “todas las formas del vivir y del morir en un solo instante”. Tánatos y Eros pasan a ser uno mismo que se define en el poemario como una “muerte / vihda” en la que la pulsión de muerte va a hacerse goce y lo erótico sólo es posible en tanto se diga en términos mortuorios. El yo lírico se ha deshabitado de sí mismo para hacerse habitación de la enfermedad y del orgasmo.

Si platónicamente el cuerpo es una incomodidad que impide alcanzar la virtud (del que solamente el hombre se librará al morir), en la obra de Soliz es un fastidio necesario para alcanzar, como uno solo, al éxtasis místico del orgasmo y a lo terriblemente inasible de la muerte. ¿Qué queda, pues, al cuerpo en radical enfermedad, sino abandonarse a los principios místicos del dolor y del placer?

Juan P. Vargas
Juan P. Vargas es literato investigador en letras del periodo colonial, profesor de afición en secundaria y podcaster. Pertenece al grupo de investigación “La crítica y el poeta” y a la Sociedad Boliviana de Estudios Clásicos. Escribe poesía además de artículos sobre la literatura y la cultura en Bolivia.

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