La crítica y el poeta: Dos pulsiones en “El tacto y la niebla”

“¿Qué soy / Qué somos / Sino el tacto en la niebla?”, así Guillermo Ruiz Plaza, cierra la primera parte de las cinco que componen su poemario El tacto y la niebla(editorial 3600, publicado el año 2016). Es decir, el poemario se abre preguntándose sobre la muerte, sobre qué pasa con lo que dejamos en el mundo luego de que nosotros ya no estemos para tocarlo. Su tema entonces es existencial y se remonta a un tópico literario ampliamente trabajado, sin embargo, el lector no siente eso por la forma en que es tratado. Esto porque son dos pulsiones, confesadas ya desde el título y repetidas a lo largo del libro (“Borrando el mundo solo queda el ruido de las aguas / La cercanía exquisita de las aguas que parecen murmurar/ Una amenaza de espuma / Eso / Y la promesa de tus pasos / En las páginas de la niebla”) las que van mostrándose y enredándose de forma sutil para, de alguna manera, responder y dejar abierta su pregunta; para darle una nueva forma y mantenerla en movimiento.

Afiliándose de alguna forma –como un murmullo– a la tradición de los poetas bolivianos que hacen referencia al mundo grecorromano (Tamayo, Freire, Wiethüchter, Velásquez), la segunda parte del poemario nos recuerda que somos mortales. Lo hace mortalizando a los dioses, señalando que de alguna forma ellos también mueren. Dice Hefestos: “No mis objetos / Perdurarán mis huesos / O las astillas de mis huesos”, aquí una primera respuesta: no queda el hacer, quedaría el cuerpo, el cuerpo fundiéndose en la niebla, en los recuerdos de los otros, en esos pequeños gestos que desde la primera parte inundan, como una “multitud discreta” las páginas del libro.

Y se señala “las páginas del libro” no como una casualidad o una metáfora propia, sino porque justamente la tercera parte del libro va a enlazar esos pequeños gestos con la escritura en su sentido más material. “Toca esta página […] / Toca las piernas sudorosas de las sílabas / Negras curvas del abismo”, el cuerpo se asemeja a las letras, las sábanas de una cama donde el amor escribe su deseo es también donde el escritor pone en maquinación su hacer. Así las pulsiones vitales se plagan de erotismo, la propia muerte no termina de morir, algo de esa lógica movilizadora queda y da la cara ante las adversidades, ante los goces, ante la vida… Quizás importante gesto ante las épocas actuales.

Esta otra respuesta se vuelve problemática en la cuarta parte, donde por un lado, se matiza la esperanza de eso que queda, del poder del lenguaje y de la escritura y, por otro lado se anticipa lo que sucederá en la quinta parte, la colocación de la esperanza en otro lugar. Ambos movimientos, como se ha ido viendo, están todo el tiempo en constante desplazamiento: en el poemario todo gira, como en una espiral, no hay nada estático, no hay ninguna verdad fija. “Palabras / Deshaciéndose como sombras / En una lenta invasión de sal / Y silencio. Y luego ya solo sílabas”, vemos como algo desaparece, pero el cuerpo del otro, del amado o del hijo o de la madre, de aquel que muere ante tus ojos y te ve morir, va ganando cada vez más presencia.

Así el poemario cierra poniendo la vida y la muerte en un mismo espacio, uniéndolas en un mismo proceso: casi recordando la frase, bien querida por Saenz, de que aprender a vivir es aprender a morir. “Por primera vez respiras tu nombre / Entre mis labios / Y su arena se escurre / Entre tus dedos / Respiras”, en el mismo poema el “Respiras” se repite de forma insistente, cada dos o tres versos a partir de esa primera aparición. En esa palabra se condensa esa vida, esa arena que se escurre, pero también los gestos del padre que ve a su descendencia nombrar(se) por primera vez. Los límites entre ambos movimientos se van difuminando y la rapidez con la que aparecen versos, imágenes, metáforas se va acelerando.

Como se habrá podido ver, en esta breve y general revisión de este poemario lleno de pequeños gestos, de versos de ritmo ágil, de rostros y miradas que construyen potentes imágenes, las preguntas se van desarrollándose, ampliándose más que ser respondidas. Cada poema está inmerso en esa lógica de movimiento, lo que hace que el lector sienta deseos de echarse en esa sábana blanca y tocar, ser tocado, por el lenguaje de Ruiz. Autor que, aunque ya ha sido varias veces premiado, todavía sigue prometiendo, dejando a la espera al lector por su próximo libro.

Camilo Gil
Camilo Gil Ostria estudia actualmente en la carrera de Literatura (UMSA), donde participa del grupo de investigación “La crítica y el poeta”. Es un amante y estudioso de las textualidades, sobre ellas escribe en distintos medios periodísticos y académicos.

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