El tren, medio de transporte común en otras latitudes del planeta, es un recuerdo cada vez mas lejano en nuestra realidad donde viajar en un verdadero tren solo es posible en tres tramos, uno en el occidente de Oruro a Villazon y los otros entre la capital oriental,  Puerto Suares y Yacuíba.
trenBus
Para los que habitamos en el corazón de la Patria nos queda un consuelo, aún podemos recorrer la vía ferrea entre Cochabamba y Aiquile gracias al “carril”, en pocas palabras un pequeño y viejo bus adaptado con ruedas de tren.
Este curioso vehículo es lo que quedó para la región luego de la privatización de ENFE hace 20 años, está gestionado por la Empresa Ferroviaria Andina, la encargada de gestionar los ferrocarriles en el ramal occidental, el servicio de Cbba hacia Aiquile funciona los martes, jueves y sabados; los miercoles, viernes y domingos en el sentido contrario.
Los Aiquileños nacidos a partir de la segunda mitad de los 80s no recordamos haber viajado en tren, eramos muy pequeños cuando lo hicimos o nunca lo experimentamos, la estación de trenes de Aiquile para esta generación es simplemente “Villa cariño”. La aburrida carretera por Epizana recorrida mil veces hasta el cansancio me impulsa junto a mi amigo Jose Manuel Merino (quien tomo las fotos) a buscar una alternativa para viajar al pueblo en Semana Santa, la alternativa es el “carril”.
Toca levantarse muy temprano, al amanecer hay que estar en la puerta de la Estación Central de Trenes de Cochabamba, una joya arquitectonica cuya fachada está hoy en día totalmente opacada por el comercio informal del mercado de la cancha, hoy decir “por la estación” es una simple referencia para ubicarse en el inmenso mercado, para la mayoría la “estación” es una simple zona del mercado y el hall del edificio esta invadido por comerciantes de polleras pero aun se puede ver el tablero con las estaciones hacia Oruro, La Paz y Aiquile, sobre la ventanilla de “Boleteria de segunda clase”.
Esta amaneciendo en Cochabamba, el infernal tráfico común en “la cancha” aún no ha tomado la calle Tarata, la puerta de la estación esta cerrada pero ya hay 20 personas haciendo fila, son gente de Vila Vila, Chawarani, Tin Tin y pequeñas comunidades de la ruta.
A las 7:00 am el sereno de la estación nos abre el acceso hacia los andenes, desordenadamente y casi a los empujones los pasajeros forman otra fila en la puerta de lo que un dia fue la “Boleteria de Primera clase”, eso me hace pensar que talves una de las cualidades de los buses interprovinciales fue juntar a todas las “clases” y hacerlas viajar juntas sin la división que existia en el tren. Los pasajeros exceden el numero de asientos y se lamentan por el limitado servicio, no falta quién evoca los tiempos del tren y enseguida otro identifica (en su opinión) a los culpables de su desaparición: “los chilenos  se lo habian comprado ps, se lo habian llevado los trenes y se hicieron pepa”.
Los amplios terrenos de la Estación Central parecen un pulmón de la zona mas congestionada de la ciudad, una pequeña locomotora de epoca hace de monumento y en el rincon un auto de “Uso oficial” de la ex ENFE se oxida entre la hierba.

Los andenes de la estación central llaman a la imaginación, me imagino un largo tren punto de partir hacia el conosur haciendo sonar su particular bocina, mucha gente con sombreros corriendo apurada con maletas de madera, señoras de pollera, alguna de ellas cargando bultos y otras wawas en su aguayos, entre la multitud mezclada con vendedoras de comida, veo llegar apresurada a mi abuela Trinica acompañada de sus pequeños nietos Lazartes que la ayudan con sus bultos, yendose de regreso a Tin Tin, en el otro anden veo a mi madre llegando por primera vez a la ciudad, por la puerta se ve entrar  a un joven de Pian dei Pradi observando una realidad muy diferente a la Estación de Trento. Llega otro tren temprano y desciende el Padre Floriano bastante cansado porque su tren se quedó plantado toda la noche en Anzaldo.

Vuelvo a la realidad y al presente, no hay ningún tren, solo un “carril”, ni modo, estos son los tiempos que nos toca vivir y hay que vivirlos nomas. A las 8 am nuestro particular vehículo inicia su camino a la capital del charango, repleto y con gente viajando de pie.
Pocos minutos después se topa con el primer obstáculo: tratar de atraversar la avenida 6 de agosto en hora pico, no es facil pero finalmente los trufis y taxis ceden paso sin atreverse a desafiar el poderoso parachoqe del ferrobus, a continuación recorremos la segunda sección de los terrenos de la ex ENFE, la de los talleres y finalemente salimos a la avenida Petrolera, los perros nos ladran y los transeúntes observan asombrados, algunos “se cagan de risa” y otros toman fotos.Aún no se han recorrido ni 4 kilometros y nos detenemos, el motivo: “desayunar”, un puesto de comida sobre la avenida nos ofrece calditos de k’awi, costillar o una ch’anguita, una vez llenado el estomago, se retoma la marcha, superamos la mancha urbana e invadimos los terrenos de los Canelas cerca de la tranca del Km 10, luego nos topamos con la represa de la Angostura del lado contrario al de la carretera donde los autos corren 5 veces mas rapido que nosotros. Giramos a la derecha y contemplamos las bonitas casas de campo sobre la laguna, mas adelante una larga plantación de eucaliptos hacen sombra a la via ferrea, poco antes de pasar por la abandonada estación de Tarata se ve en el fondo la nueva Escuela de Sargentos. Superada la población natal de Melgarejo, el valle se presenta verde gracias a las ultimas lluvias, grandes maizales con choclos casi listos para ser cosechados junto a enormes sauces y la inmensa laguna forma el paisaje  de este este trayecto valluno hasta llegar a Cliza, otrora hermoso pueblo colonial cuyos habitantes decidieron mandar a la mierda su patrimonio construyendo en su lugar modernas casas con azulejos en sus fachadas sin ningun criterio de armonia urbana, alguno me dirá que en Aiquile es lo mismo, pero allí fue un terromoto quién se llevo el patrimonio historico y no la voluntad de sus habitantes.
Continuando el viaje, “la perla del valle” quedá atras y la ferrovía corta el valle transversalmente hacia el sur dirigiendose a la serranía, poco a poco el verde valle se va tornando en arbustos semisecos y el ferrobus comienza a ascender lentamente, la ferrovía se presenta serpenteante, seguramente en esta geografía el tren se veía forzado a ir muy lento y esa fue su ruina al no poder competir con los camiones y flotas.
Cuanto mas sube el carril mas seco se hace el paisaje pero no menos cautivante, se divisan eucaliptos dispersados y los maizales se van tornando en plantaciones de papa que adornan el campo con sus flores. Mas adelante la via bordea un profundo rio rocoso donde se aprecian cristalinas aguas y dan ganas de pedir al maquinista de hacer una pausa para irse a dar un baño, una señora escucha lo que comentamos con mi amigo y nos dice: “como pues joven, bien frio es”  mientras pijchea su coca, delante de ella dos jovenes escuchan musica de sus celulares con sus audifonos, delante de ellos unos adultos conversan en quechua, en el asiento frente a nosotros un niño quiere hacer pis, su madre lo soluciona con ayuda de un recipiente y luego lo vacia por la ventana, en el ferrobus todos viajan tranquilos y sin prisas.Llegamos a la población de Sacabamba, a lado de las pequeñas casas de adobe se levanta un ostentoso coliseo deportivo, uno de los tanto que sembro por todo el pais el actual gobierno, a partir de este punto la ferrovia se va encontrando repetidas veces con la carretera a Vila Vila y se atraviesan altos puentes con vistas de vertigo, poco a poco el ferrobus se va metiendo entre altas montañas donde se aprecian en lo alto chorros de agua bañando las rocas y comenzamos a atraversar los primeros pequeños tuneles del recorrido. Poco a poco el tren se va metiendo en un hermoso y humedo cañadón, un verdadero paraiso cuyas vistas no tienen precio donde la ferrovia corre a lado de un rio que hace aún mas hermoso este pedazo de camino.

Luego el paisaje se torna mas valluno y un poco mas seco y alcanzamos el municipio de Vila Vila con su estación en ruinas, baja la mitad de los pasajeros, pero suben otros tantos, sus destinos son Mizque y Aiquile, es ya la una de la tarde y los pasajeros tiene hambre, todo esta calculado y media hora despues hacemos una pausa para comer en Sivingani, pequeña poblacion asentada sobre un río. El menu ofrece: abasp’ejtu, pollo criollo con arroz y chuño, un plato de chicharron o choclito con queso. Los pasajeros disfrutan los manjares criollos y luego dejan los envases de plastico desparramados dejando constancia de nuestra maleducada cultura.

El viaje continua, ya estamos de bajada asi que el vehículo acelera un poco mas, van subiendo y bajando pasajeros hasta que arribamos a Chawarani, el cruce para ir a Minacientos, buena parte de los pasajeros y su carga se queda en el caserio, asi que la velocidad aumenta considerablemente, atravesamos varios tuneles, unos cortos, otros largos. Pronto nos encontramos con el rio de Tin Tin, uno de los afluentes del rio Mizque y ya divisamos el cerro “sombrerito”, a sus pies esta el pueblo de Tin Tin, la ferrovía rodea el poblado y recuerdos de la infancia se reavivan mientras observo la torre de la Iglesia.

Ya medio vacio el carril supera el angosto valle de Tin Tin, trepa de nuevo y ofrece una linda vista desde el cerro, del rio y las plantaciones que lo bordean, de repente entramos al tunel mas largo del recorrido que nos escupe hacia el dulce Valle de Mizque, mas allá al otro lado del rio se encuentra la ciudad de los Quinientos Quitasoles (Mizque), población que debido a la geografia estuvo en parte relegada del proyecto del ferrocarril porque tenían que cruzar el rio para tomar el tren y en tiempos de lluvia era muy dificil pero el objetivo de los constructores era llegar a una ciudad mas importante, si señor(a) lector(a), a Aiquile.

Ya nos sentimos cerca de casa, ahora el ferrocarril nos lleva derecho a la comunidad de T’ajras donde cruzamos la nueva carretera asfaltada, parte de la “Y” de la Integración, ya asfaltada en ese trecho representa un gran anhelo de los pobladores del Conosur Cochabambino, el mismo anhelo con el que esperaron el ferrocaril hace mas de 50 años. Bordeamos el valle de T’ajras por la izquierda y cruzamos el ultimo tunel y ya nos dirigimos sin obstaculos hacia Aiquile y en el este se aprecia la nueva represa de San Pedro y llegamos a nuestra llajta, la via ferrea se incrusta en la la población paralela a la avenida Hans Greter, nombre del ingeniero aleman que dirigió la construcción del ferrocarril.

Una desolada estación acoge al “carril”, muy atras en el pasado queda ese dia hace 50 años, cuando en este mismo lugar una gran multitud recibía con bombos, platillos y mistura al primer tren que llegó a Aiquile, ese tren llevaba a bordo al ex Presidente Barrientos. Dicen algunos que en su discurso de inuguración, talves intencionalmente o talves producto de un lapsus, el dictador tarateño dijo: “ahora construiremos el ferrocarril hasta Santa Cruz y avanzaremos 1 kilometro por año!!!” la multitud exaltada aplaudió sin darse cuenta del disparate…de todos modos la promesa nunca se cumplió…
De el blog de:  Viajes a la Bolivia Profunda de Fabio Weiss

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