Manfredo Kempff vuelve con una nueva novela que lleva por título El escrito (Ed. La Hoguera), en la que el autor cruceño habla de las experiencias formativas que marcan el camino al iniciarse en el mundo de las letras. La novela se presentará este miércoles en la Casa Melchor Pinto (Sucre # 50), a las 20:00.
 Si tuviera que resumir de lo que habla su novela, ¿qué diría? 

Habla del gran esfuerzo que se necesita para ser escritor. La labor de escribir un libro cualquiera puede intentarla, pero si se quiere hacer una novela que tenga aceptación, que tenga lectores, el trabajo es  muy intenso. Vargas Llosa ya decía que para ser escritor se necesita un 10% de inspiración y un 90% de posaderas, es decir: trabajo. Entonces, lo que sucede con los libros es que se requiere mucho tiempo, mucha paciencia y además muchas horas para corregir. Parte del libro es eso: un joven que quiere ser escritor y que no puede, no le llegan las ideas claras o las tiene y le cuesta redactarlas, y esto es un fenómeno que le pasa a todos los autores, hasta a los viejos y consagrados, el llamado fenómeno de ‘la página en blanco’.   
 Se podría decir que habla mucho sobre su experiencia personal el libro…

Todos los libros tienen algo personal, son un poco autobiográficos. Hay muchos libros de los que me dicen: “Esto es una autobiografía tuya”, y yo les pido que no lo repitan porque harán que me divorcie (risas). Yo escribo sobre temas que me interesan mucho, que tienen que ver con el amor y el sexo, y no se puede decir que todo eso sea el reflejo de tu vida, pero, naturalmente, partes autobiográficas hay en todas las novelas.  
 En su caso,

¿usted cuándo supo que quería ser escritor?
Yo creo que lo mío es un fenómeno que sucede con todos los escritores, como en mi caso, comenzaron muy jóvenes leyendo cosas y contando cosas. Yo era un cuentista, un tipo que a mis compañeros de colegio, a mis amigos y a mis hermanos siempre les contaba cuentos, inventaba; todavía no había leído nada. Estaba iniciando la secundaria. Fui un escritor un poco tardío para publicar, porque si bien es cierto que escribí cosas, recién me animé a publicar Luna de locos, mi primera novela, en 1994, cuando yo ya era un hombre maduro, con casi 50 años. 

 ¿Cuál es el contexto de Santa Cruz en la novela? 
Mis primeros libros, tanto Sandiablo como Luna de locos, transcurren en Santa Cruz. En el caso de El escrito, muestro la vida cruceña, pero es más rural. No es precisamente Santa Cruz, donde solo hay un capítulo.  Todo lo demás está en Chiquitos, en un pueblito cuyo nombre me inventé: Santa Lucía de los Altos Montes, que se supone está cerca de la frontera con Brasil y es ahí donde acontece toda, o casi toda la narrativa de esta novela. Es la vida cruceña desde los años 40 hasta los años de la Revolución Nacional (1952).  
 
¿Cómo ha podido intercambiar estos años su carrera de escritor con la política?
Yo actualmente escribo semanal- mente artículos políticos. Efectivamente, he sido ministro en dos oportunidades y embajador varias veces. Sin embargo, he querido separar totalmente la literatura de mis escritos políticos. Para mí la literatura tiene otro sentido, yo creo que la literatura es para transmitir cosas, que pueden ser dramáticas en algunos momentos, pero no tienen que hacer sufrir a los lectores. A mí me gusta que el lector se divierta, esto no significa hacer bromas todo el tiempo, sino tratar los temas con humor. 

Fuente: El Deber

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