Las quieren correr, pero ellas insisten en quedarse porque pertenecen al Mercado Norte, tanto como la pescadería de Fazzio o esas pizzas de masa ancha y esponjosa que caracterizan al tradicional centro comercial. Son color y tonada, sabor, son las “bolivianitas del mercado” –así se autodenominan–, y pese a que la Municipalidad de Córdoba se quiera ajustar ciegamente a las ordenanzas para eliminar la venta ambulante y correrlas flameando la bandera del orden, ellas van a permanecer en sus banquitos, inmutables, soportando viento, frío y calor, porque la venta de especias es su único medio de subsistencia.

Sus sombreros alados y sus coloridos atuendos, que hacen juego con la verdura que ofrecen, desfilan por la San Martín desde el año ‘54. La fecha la esboza Marcelina, una de las mayores de este grupo de 15 mujeres, que pasó en esas calles 61 años de su vida.

La Municipalidad no quiere que las bolivianas estén en las proximidades del Mercado vendiendo “alimentos” en la vereda. La pelea por el espacio público recrudeció estos últimos días. Durante el feriado del 20 junio y previa del Día del Padre, la esquina de San Martín y Oncativo fue el centro de una revuelta entre inspectores, mujeres, policías y hasta terceros que intercedieron en la pelea.

Silvia, una de las vendedoras, asegura que muchas veces se les prometió integrarlas al circuito de vendedores del Mercado, pero todo quedó en intenciones, y remarcó que la vocación de esta administración municipal es sacarlas de la zona porque no pagan impuestos como el resto de los comerciantes.

“Por supuesto que nos gustaría estar en otra posición, que no nos persigan y menos que se queden con nuestra mercadería. Pero lo que planteamos es que nos den un lugar para poder trabajar, y si tenemos que pagar por un espacio, lo pagamos”, cuenta la vendedora.

La mayoría de estas mujeres tienen domicilio en la zona sur de la ciudad. Comienzan su actividad cerca de las 8 y desarman sus puestos a las 19. Cada una guarda su mercadería en el lugar que consigue. Algunas, le pagan a vecinos la “custodia” de sus productos, lo que les representa un gasto, en algunos casos, de 400 pesos por mes.

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Marcelina se indigna más con la situación porque asegura que los inspectores de la comuna las tratan como si fueran delincuentes, “como si vendiéramos cosas que robamos. Nosotras compramos la mercadería con nuestra plata y en el mercado, salvo algunos productos que no se consiguen acá y que nos traen nuestros paisanos. Perdemos dinero cuando se quedan con nuestras cajas”.

Luisa, otra vendedora, cuenta que el destrato principalmente lo reciben de los inspectores con menos experiencia, que por lo general llegan con la Policía directamente a sacarles la mercadería sin mediar palabra.

Quién más sufre esta situación es Petrona. Muy angustiada y en llanto recordó cuando le sacaron sus productos: “Vinieron de atrás y se llevaron todo, yo tengo que mantener a mis hijos, pero así no puedo. Hace siete años que estoy acá y ya no aguanto más trabajar así, nos discriminan por venir de otros países. Yo me quiero volver a La Paz, extraño a mi familia, mi tierra, allá seguro que voy a estar mejor. Acá me enfermé”.

Apoyo. Desde la Asociación de Locatarios del Mercado Norte no desconocen esta situación, pero aseguran que en ningún momento se realizó un pedido para que estas vendedoras no trabajen más en los alrededores porque consideran a las “bolivianitas” como parte del color y el folklore de la zona.

Pablo Montemurro, presidente de la Asociación, contó que hace unos años se propuso a la Municipalidad mejorar las condiciones de estas mujeres. El proyecto consistía en otorgarles una “zona franca” para que se instalen y crearles unas banquetas de acero inoxidable para que puedan exhibir sus productos. “La respuesta fue negativa, porque nos aseguraban que con eso se iba a legitimar la venta ambulante. A los locatarios no nos afecta la presencia de estas mujeres”, indicó Montemurro.

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No rotundo. Desde la Municipalidad son tajantes respecto a la situación: las bolivianas son vendedoras ambulantes, no pueden trabajar en la calle.

“No tienen porqué recibir un maltrato, eso es un tema aparte. Pero no vamos a permitir que se vendan comestibles en la calle, no van a poder trabajar. Nuestra prioridad es cuidar la salud de la gente”, asegura el secretario de Convivencia Ciudadana José Fernández.

En diálogo con Día a Día el funcionario se mostró inflexible y aseguró que no hay ninguna posibilidad de abrirles algún espacio de venta en el Mercado o entablar un diálogo para encontrar una solución para su situación.

La principal oposición de la comuna para que estas mujeres trabajen en la calle pasa por la manipulación de los alimentos y el desconocimiento de la procedencia de los mismos.

Ellas aseguran que muchos de los productos que venden se los compran a los mismos verduleros del Mercado y alrededores, y que los productos más raros se los consiguen “paisanos que cada tanto vienen a Córdoba”.

“No hay una instancia de diálogo, ellas no entienden y quieren seguir vendiendo ajo en ese lugar. Y si les damos autorización para eso, después comenzarán a vender sándwiches. No podemos seguir dando el brazo a torcer porque sino van a tener razón todos. Ya les ofrecimos llevarlas, trasladarlas, al Parque Las Heras y que vendan artesanías ahí”, cerró el funcionario municipal.

Fuente: Juan Pablo Martínez / Día a día

 

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