Gracias a una subasta de obras de arte y un sorteo de lotería en varios países europeos, voluntarios belgas lograron equipar el taller de artesanía del centro de educación especial “Ghislain Dube”, con máquinas para tejido de prendas de vestir, servirá para que los estudiantes adquieran destrezas en áreas técnicas

Ayer en la mañana se hizo la entrega de dichas máquinas, para tal efecto llegó desde Bélgica una de las gestoras de la obra solidaria, Carolina Pouwels, quien fue recibida de muy buena manera tanto por los beneficiarios como por los padres de familia, el personal docente y la dirección del centro.

“En principio queríamos hacer un pequeño proyecto, pero los artistas que nos han donado sus obras nos dijeron que hagamos una subasta por internet, es así que hemos subastado (principalmente obras en cerámica, pinturas y madera) en Bélgica, Italia, Portugal, Francia, España y Holanda, también hemos hecho una lotería (en Bélgica), nos ha ido muy bien hemos conseguido dinero y hemos comprado estas máquinas que les servirán para desarrollar capacidades y les ayude a conseguir recursos propios”, indicó Pouwels.

La directora del centro de educación especial, Angélica Nina, a tiempo de agradecer por las máquinas, señaló que no es la primera vez que estas personas hacen una donación de ese tipo, pues en gestiones pasadas equiparon el taller de repostería, y para el 2018 se pretende implementar un centro de fisioterapia, también con el apoyo de Carolina Pouwels y un grupo que la colabora.

NECESIDADES

El singular acto, donde los estudiantes demostraron sus aptitudes en el baile y otras cualidades, se evidenció al igual que otros establecimientos de educación especial, la carencia de una infraestructura adecuada, ya que el espacio donde los algo más de 50 niños, adolescentes y adultos con discapacidad grave y muy grave se desenvuelven no está adecuado a sus necesidades, convirtiéndose en una barrera arquitectónica, pues muchos de ellos se desplazan en sillas de ruedas.

“Lastimosamente no hay atención de las autoridades, sentimos que nos hacen a un lado, donde trabajamos es una casa normal, y los vecinos del lugar nos dicen que es de propiedad de ellos, entonces tenemos miedo que en cualquier momento nos quieran sacar, además el espacio no es adecuado, no tenemos ramplas para sillas de ruedas, hay una barrera arquitectónica”, aseveró la directora del centro “Ghislain Dube”.

Fuente: lapatriaenlinea.com

Deja un comentario