La polución es, sin dudas, un problema creciente en los aglomerados urbanos de la región. Si bien está bastante por debajo de la media mundial, y todos los países están muy lejos de los alarmantes índices de India y Pakistán, sólo una ciudad tiene un nivel de concentración de partículas en el ambiente inferior al máximo aceptado: Salvador, en Bahía, Brasil, con 9,2 ug/m3.

Las otras nueve menos contaminadas están por encima del límite: Cali, Colombia (12,9 ug/m3); Guadalajara, México (13,4 ug/m3); San José, Costa Rica (14,8 ug/m3); Grande Vitória, Brasil (16,3 ug/m3); Buenos Aires, Argentina (16,4 ug/m3); Campinas, Brasil (16,8 ug/m3); Curitiba, Brasil (17,1 ug/m3); Montevideo, Uruguay (18 ug/m3); y Quito, Ecuador (18,4 ug/m3).

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La colección es bastante variada, porque incluye representantes de países muy distintos, que pertenecen a subregiones bien diferentes. También lo es el ranking de las diez de mayor polución. De hecho, hay tres países que tienen ciudades en uno y otro extremo: Brasil, México y Colombia.

La que está en peores condiciones es Cochabamba, Bolivia, con 40,7 ug/m3. Le siguen Lima, Perú, con 37,9 ug/m3; y Río de Janeiro, Brasil, con 36,4 ug/m3.

Completan Monterrey, México (36,0 ug/m3); Toluca, México (33,3 ug/m3); Guatemala (32,5 ug/m3); Tegucigalpa, Honduras (32,4 ug/m3); Belo Horizonte, Brasil (28,1 ug/m3); Medellín, Colombia (26,7 ug/m3); y Bogotá, Colombia (26,6 ug/m3).

“A nivel de la región -dice Páez-, y en lo que a calidad del aire se refiere, los modelos de gestión referenciales han sido siempre los de México, San Pablo y Santiago. Pero existen otras experiencias exitosas y yo puedo referir la de Quito, en la que he podido participar como técnico, responsable de la gestión y ahora incluso en mi calidad de concejal de la ciudad”.

La capital de Ecuador implementa desde 2003 sistemas de monitoreo muy eficientes. Eso le permite hacer un seguimiento de cómo evolucionan los niveles de contaminación.

“Quito tiene un sistema de inspección y mantenimiento vehicular, anual para los de uso particular, y semestral para los de uso público y comercial, que obliga a controlar sus emisiones y mantener afinados los automóviles para que cumplan los estándares ambientales. Esta es una medida muy importante, porque ataca a la principal fuente de emisión y posibilita que, al menos los automotores muy contaminantes, salgan de circulación. Estos programas son absolutamente recomendables, pero lamentablemente son pocas las ciudades que los han adoptado, debido al costo político que tiene frente a sociedades autocentristas, que ven con malos ojos cualquier control”, dice el técnico ecuatoriano.

“Lo otro trascendental es la apuesta por los modos colectivos y no motorizados de transporte, por sobre el imperio del auto particular. Son medidas estructurales, que requieren una debida planificación, un alto grado de conciencia ciudadana para apoyarlas y también un claro liderazgo político de las autoridades, que son las variables de una ecuación que no siempre están disponibles”, concluye.

Fuente: Infobae

Vista de Cochabamba
Vista de Cochabamba

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