Bonn, Alemania

Los negociadores del clima de casi 200 países (COP23) decidieron ayer darse cita en 2018 para evaluar sus recortes de emisiones de gases de efecto invernadero, al término de una conferencia ensombrecida por la anunciada retirada de Estados Unidos y los pequeños avances para la implementación de los compromisos adoptados en el histórico Acuerdo de París.


La COP23 se prolongó hasta la madrugada de ayer (hora local) en Bonn por las divergencias sobre la financiación de la lucha contra el cambio climático, el gran pulso histórico entre países ricos y Estados en vías de desarrollo.


El objetivo principal de la COP23 era empezar a redactar el reglamento del histórico Acuerdo de París de 2015, para impedir que la temperatura del planeta aumente más de 2ºC respecto a la era preindustrial.


Pero los países en vías de desarrollo llegaron con una vieja demanda: que todos los miembros aclaren sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero y, más importante aún, sus compromisos financieros, de aquí a 2020, antes de que entre en vigor el Acuerdo de París.


El forcejeo era simplemente para establecer el marco negociador, antes siquiera de entrar en el fondo de la cuestión, a lo largo del año que viene.


Finalmente, el inventario de emisiones y de planes de financiación se hará en 2018, hasta la COP24, que se celebrará en diciembre en Katowice (Polonia), indicó la resolución final de la COP23.


Un estudio divulgado esta semana alertó de que las emisiones de gases de efecto invernadero, las principales responsables del calentamiento del planeta, han vuelto a aumentar en 2017, un 2%, luego de tres años de relativa estabilidad.


Esta decisión presiona de forma inmediata a los países desarrollados para que aumenten su ambición de aquí a 2020 y posteriormente, se congratuló la red Climate Action Network.


El farragoso trabajo sobre el reglamento del Acuerdo de París, que define entre otros los criterios de control mutuo de emisiones o la transferencia de tecnología, apenas quedó esbozado, con un borrador que podría llegar a centenares de páginas. Los negociadores reconocen que necesitarán como mínimo otra sesión de fórceps para aligerar el texto, antes de diciembre de 2018.

 

EXPECTATIVA

Vigilancia mutua

 El principal emisor histórico de CO2 y uno de los mayores financieros de la ayuda climática, Estados Unidos (que abandonará el acuerdo en 2020), asistió a las negociaciones, pero su actitud ha cambiado totalmente desde que el presidente Donald Trump anunciara en junio que abandonará el Acuerdo de París.

 

 La posición de Estados Unidos influencia a los otros países desarrollados, lo que a su vez tiene consecuencias para las posiciones que adoptan la mayoría de países en desarrollo. Todo el mundo se vigila mutuamente, explicó Seyni Nafo, un negociador del grupo de naciones africanas.

 

 A pesar de todo, la delegación estadounidense se comportó constructivamente y de forma neutral, sin perturbar los trabajos, explicó la ministra alemana de Medio Ambiente, Barbara Hendricks.

Fuente: La Prensa

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