El miércoles se celebró el Día del Chocolate, fecha instaurada en 1995 para difundir los amplios beneficios de este delicioso alimento, como mejorar el rendimiento deportivo o evitar ataques al corazón o la arritmia producida por la fibrilación auricular (FA), según consigna un reciente estudio de la Escuela de Salud de Harvard (HSPH, por sus siglas en inglés).

Respecto a la general aceptación de la que goza este producto oriundo de América, una investigación de la Universidad de Michigan de 2015 explica que, además de su exquisito sabor, al aumentar el nivel de la hormona de la felicidad, también conocida como dopamina, el chocolate provoca en el cerebro una reacción similar a la que producen los estupefacientes.

Por ello, no sorprende que la industria chocolatera sea hoy una de las más grandes del planeta, fuente de empleo para millones de personas y de ingentes cantidades de recursos para cientos de economías (se estima que el sector mueve en el mundo cerca de $us 100.000 millones cada año y que la demanda anual crece en torno al 2,5%). Además, tiene la virtud de contribuir a preservar las áreas boscosas, pues su principal insumo deviene de las semillas del árbol del cacao, el cual crece de forma natural en las selvas tropicales y subtropicales (para producir 453 gramos se necesitan 400 semillas).

Y si por todo lo anterior no fuese suficiente, en Suramérica está contribuyendo a arrebatarle espacios a los cultivos de coca. Por ejemplo, en decenas de comunidades del Valle de los ríos Apurimac, Ene y Mantauro (VRAEM), el gran vivero de la droga peruana y reducto de los residuos de Sendero Luminoso reconvertidos al narcotráfico y el sicariato (en palabras del periodista español Ignacio Medina especializado en gastronomía), el cacao se ha convertido en el mejor argumento para abandonar la coca, pues también genera elevados ingresos entre los campesinos.

En cuanto al país, huelga recordar que en suelo boliviano crecen variedades silvestres bastante apreciadas en la industria chocolatera mundial. Por citar solo un ejemplo, en 2013 el cacao cultivado por la Asociación de Agroforestales de la Amazonía Boliviana (Aparab) del Beni fue premiado con el galardón a la excelencia en el Salon du Chocolat de París, el mayor evento internacional especializado en chocolate. No obstante, a pesar de esta ventaja cualitativa la producción de chocolate silvestre sigue siendo incipiente. Esto debido a la falta de caminos, técnicas que faciliten su recolección y medios para su comercialización, según CIPCA.

De allí que el impulso a la producción, industrialización y comercialización del cacao debería ser una política de Estado por estos lados, tanto más importante por cuanto no solo contribuiría a generar fuentes de empleo e ingresos entre los indígenas y otros sectores vulnerables, sino también ayudaría a conservar el patrimonio natural del país, así como en la lucha contra el narcotráfico.   

Fuente: La Razon

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