La dramática historia de Nico y de su madre biológica retrata con claridad diamantina las terribles secuelas que conlleva la violencia sexual infantil. Con apenas dos años, este pequeño ha vivido un calvario incluso antes de nacer. Y lo propio su progenitora, quien desde los ocho años fue violada por su abuelo y dos tíos. Fruto de este ultraje dio a luz a los 11 años a Nico; quien, como era previsible, nació con bajo peso (1.300 gramos), estatura menor al promedio (34 centímetros) y problemas de salud (se descompensa con facilidad por una dolencia que aún no ha sido identificada).

Desde su nacimiento tuvo que transitar por varios hospitales y albergues. Afortunadamente durante este periplo se cruzó con Nelly Aloisio en el Hospital del Niño, nosocomio al que llegó a los seis meses con desnutrición severa. Aloisio se encariñó de Nico como solamente un alma noble puede hacerlo, y con la ayuda de otras ocho mujeres ha luchado durante el último año y medio para asegurarse de que reciba la alimentación, la atención médica y, lo más importante, el cariño que tanto necesita. De todas maneras, como muchísimos otros niños y niñas huérfanos requiere, con urgencia, el amor y la estabilidad que únicamente un hogar puede proporcionarle.  

Se trata de una historia de terror y a la vez de esperanza que pone en evidencia lo mejor y lo peor de los seres humanos. Pero también nos interpela a cada uno de nosotros respecto a la necesidad de asumir como propia la lucha contra la violencia sexual infantil, cuyas secuelas de horror no deberían dejar indiferente a nadie.  

Fuente: La Razon

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