El machismo y sus consecuencias no fue agendado, o al menos no aparece en los medios, en las respectivas campañas que se realizan tanto por el Sí como por el No a la modificación de la Constitución, como única forma de que Evo Morales se pueda postular nuevamente a la presidencia de Bolivia.

Estas campañas, iniciadas ya hace semanas, se enfrentan en lo que parece un recuento de daños, por un lado, o de éxitos y advertencias de perderlos, por el otro; sin embargo, tienen un punto en común de ausencia que resulta negativo y afecta a la mitad de la población: las mujeres.

Posiblemente piensan que se trata de un tema que no decantará la votación, que es un asunto trillado o simplemente se les pasó, no fue tomado en cuenta. No está en la agenda política ni mediática del referendo.

La oposición, que busca razones para restar votos, no recurrió a remarcar, como argumento posible de discurso, que el machismo y su violencia se mantiene en esta gestión de gobierno, que sus representantes por acción u omisión mantienen sus efectos; en tanto que el oficialismo tampoco sacó a relucir las posibles medidas adoptadas, las leyes y reglamentos aprobados a favor de la mujer, la paridad en el Parlamento y la lucha contra violencia. Evo Morales no volvió a decir que es feminista.

Dejar de decir frases totalmente machistas, para evitar las críticas, no es suficiente. Tampoco es suficiente no decirlas nunca, en público, aparentar ser igualitario y creer que se es objetivo atacando a las feministas, eso es defender por debajo a los violentos.

Cuando se habla de estos temas tan graves, es imposible dejar de señalar qué se hizo, qué se hace y que se hará porque la realidad y sus cifras, las pocas que hay, interpelan y ponen en evidencia.

La alta tasa de feminicidios, más de un centenar al año, y los miles de casos de agresiones, de violaciones a mujeres y niñas, la trata creciente, la habitual desventaja para la mujer en espacios de poder y decisión, la brecha salarial que separa a hombres y mujeres que realizan el mismo trabajo… son temas muchas veces instrumentalizados políticamente, tal como ocurrió en la última campaña electoral; sin embargo, ser posible carta para ganar más votos no resta su seriedad y su importancia.

Ambas partes se han enfrascado en acusaciones sobre corrupción, tema también importante, sin duda, que en los últimos meses ha puesto en apuros al actual Gobierno, pero del que no se libran anteriores gestiones. Se ha dicho, por otra parte, que sin el actual Presidente llegará  una serie de calamidades y que ya no será posible la prosperidad lograda.

En los últimos años las noticias sobre Bolivia en la prensa extranjera, a raíz de reconocimientos de organismos internacionales, mencionan como dato obligado el crecimiento económico de la última década, la reducción de la pobreza, la disminución de la tensión con las empresas extranjeras inversoras; sin embargo, se conoce también que es uno de los países con un alto índice de feminicidios, cuatro veces más que en España tomando en cuenta la población.

Toda la normativa aprobada en los últimos años a favor de la mujer y en contra de la violencia machista ha llegado en poca medida a la calle llena de inseguridad,  a las casas donde sigue el violento, a la morgue donde los cuerpos se acumulan sin un poco de dignidad, a la administración de justicia plagada de acusaciones de corrupción y favoritismos. No hay apoyo efectivo para las víctimas ni sus familias.

Si un pueblo debe elegir si quiere mantener en el poder a alguien por una gestión más, o por tiempo indefinido, esta población que está compuesta por mujeres en más de la mitad debería también saber y recibir compromisos de que se les tomará en cuenta con políticas transversales y serias. Una revolución, un cambio, un progreso verdadero no puede hacerse sin las mujeres.

Drina Ergueta es periodista.

fuente:http://www.paginasiete.bo

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