El debate sobre el imperativo universal de salvar el planeta ha condicionado de un modo definitivo el tema de la preservacin medioambiental y el desarrollo sostenible. La razn es muy simple, no se trata ya de un ejercicio terico, o de una reflexin académica, no se resuelve tampoco con la experiencia emprica de prueba y error. El tiempo se nos ha acabado. Lo que hagamos de hoy en adelante es una carrera para intentar corregir los graves daos que hemos infligido a nuestro nico hogar.
 
En el caso de Bolivia, el Territorio Indgena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) se ha convertido en el escenario de una batalla crucial que definir lo que el pas quiere hacer con su destino ambiental. La tensin entre dos posiciones radicalmente distintas se inici a partir de 2010, cuando el gobierno del Presidente Morales decidi la construccin de una carretera asfaltada que dividira en dos al TIPNIS, vulnerando la razn de ser de ese territorio. 
 
Decisin que ha ratificado en el presente con la aprobacin de una ley que elimina en los hechos la intangibilidad del TIPNIS y muestra, por si hubieran dudas, la verdadera filosofa de un régimen que irnicamente- ha cantado a los cuatro vientos que defiende la filosofa del vivir bien, la indispensable armona ser humano-naturaleza y ha afirmado que la Pachamama tiene ms derechos que los propios seres humanos. Como corolario, se enorgullece de haber impulsado la declaracin del Da de la Madre Tierra hecha por las Naciones Unidas.
 
La tesis del Gobierno es que en la mayora de los pases del sur ha surgido un “colonialismo medioambiental que propone la autoculpabilizacin de los pases pobres, que reciben ddivas de los ricos a cambio de menos impuestos para éstos y ninguna disminucin de su actividad productiva depredadora. Adicionalmente, dice, se propone un ambientalismo contemplativo sin seres humanos en el norte y otro en el que los indgenas tienen que aceptar  la preservacin en sus territorios pasando por alto la cobertura de sus necesidades bsicas.
 
La respuesta a esta retrica es comprender que nuestra primera prioridad es valorar el efecto que causan nuestras acciones en las reas protegidas sobre nosotros mismos. En qué medida la depredacin de parques nacionales y territorios indgenas hipoteca el futuro de nuestro territorio y de nuestra poblacin. Debemos valorar la ecuacin entre desarrollismo clsico y desarrollo sostenible, considerando en que proporcin la obsesin industrialista para salvar el pan de hoy pone en riesgo a nuestras generaciones futuras. La primera responsabilidad del Estado es garantizar con igual vigor el presente y el futuro de los bolivianos.
 
Es imprescindible hacer una lectura correcta de la realidad. La evidencia de que los pases desarrollados del norte son los mayores responsables histricos de la depredacin, que nos he hecho heredar un planeta en el que la vida tal como la conocemos est en serio riesgo, no resuelve los desafos de todas las naciones y todos los habitantes del planeta hoy. 
 
En ese contexto no se puede negar que la mayor parte de las naciones ms avanzadas trabajan en tres dimensiones: la toma de conciencia y educacin de sus ciudadanos con buenos resultados, la normativa cada vez ms férrea para las grandes empresas y la modificacin de polticas de Estado vinculadas al desarrollo sostenible. Todo ello traducido en acuerdos internacionales de cumplimiento obligatorio. A pesar de ello, no olvidamos ejemplos nefastos, como el del Presidente Trump que pretende desconocer la realidad del cambio climtico (sin perjuicio de la valiente actitud de algunos gobernadores estadounidenses que aprueban legislaciones en defensa del medio ambiente), ni el grave dao ambiental que ha protagonizado el desarrollismo chino en los ltimos veinte aos. 
 
Lo peor del discurso oficial es el uso de una coartada. “Como la culpa es de los ricos, que ellos den la solucin. La crnica transferencia de nuestra responsabilidad en los otros. Mientras tanto, se sigue con la prédica del “suma qamaa y se apuesta por el rentismo y el extractivismo disfrazado de “ambientalismo social, que incentiva la irresponsabilidad individual y colectiva de los bolivianos, cada vez ms depredadores, y que aprueba leyes que destruyen la coherencia de una visin integral del desarrollo sostenible, en la que la combinacin entre parques nacionales y territorios indgenas es no slo posible sino imprescindible. Territorios en los que es un imperativo la consulta previa libre y sin presiones, la conciencia ambiental colectiva y la comprensin de que lo que debe cambiar es la filosofa productiva del Estado aupada por la intencin de romper la columna vertebral de las reas protegidas del pas.  
 
Carlos D. Mesa Gisbert fue presidente de Bolivia.

Fuente: Pagina Siete

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