Es bien sabido que El Alto, pese a ser la segunda ciudad más poblada del país, es también una de las más pobres. Tal vez no tanto por el estatus socioeconómico de sus habitantes, que en algunos sectores se muestran crecientemente prósperos, sino por el presupuesto de su gobierno local. En ese contexto, construir obras de alto costo que no se usan es un despropósito.

Un reportaje publicado el domingo en este diario revela que al menos ocho obras de gran envergadura, con un presupuesto que combinado suma Bs 157,6 millones, fueron ejecutadas en los últimos años sin que hasta ahora hayan beneficiado a la población. Los recursos han provenido en gran parte del programa Bolivia Cambia, Evo Cumple, y en casi todos los casos la contraparte fue municipal.

Se trata del estadio Cosmos 79, cuya construcción comenzó en septiembre de 2005, en pleno auge de la afición futbolística alteña, y que hasta la fecha no ha sido concluido; de la Ciclovía, que comienza frente al estadio, pero nadie sabe hasta dónde debe extenderse, y mucho menos cuándo habrá de concluirse; de un parque vial en Villa Adela, que hasta ahora no tiene uso alguno; de dos plantas de lácteos, una en la zona de Pomamaya y otra en Santa Rosa, que carecen de agua potable y por tanto son inoperables; de dos mercados campesinos, uno en Santa Rosa y otro en Villa Tunari, que por falta de alcantarillado sanitario no han sido inaugurados; y el parque de la Avenida Cívica, que pese a haber sido entregado hace pocos meses, sigue cerrado y sin funcionamiento.

En la Alcaldía de El Alto las explicaciones son escasas, pero al menos sirven para comprender que la Unidad de Proyectos Especiales (Upre), dependiente del Ministerio de la Presidencia (responsable del citado plan de construcción de infraestructura a nombre del Presidente del Estado), no presupuestó apropiadamente ni su funcionamiento ni su mantenimiento, que seguramente podrían ser cubiertos por el gobierno local; pero tampoco se hicieron los trámites de traspaso de propiedad de los bienes inmuebles. El problema es recurrente en casi todas las obras ejecutadas por la Upre en todo el país.

En el caso de El Alto, por la ya anotada situación de precariedad económica de la municipalidad, sumada a un cúmulo de factores sociales y culturales, tener esas obras millonarias en el olvido es una verdadera afrenta y una muestra de insensibilidad tanto de las autoridades nacionales, que dieron curso a los proyectos, como de las locales, que se ven imposibilitadas de ponerlos al servicio de la población.

Urge, pues, que quienes están a cargo de la Upre comprendan la verdadera importancia de las obras que ejecutan, y que va más allá de permitir al Primer Mandatario asistir a los actos de inauguración, y que en los gobiernos municipales se hagan más esfuerzos para coordinar con los primeros.

Fuente: La Razon

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