El ojo humano es una de las maravillas de la creación. Con el sentido de la vista no solamente vemos los colores de la naturaleza (materia, gente y fauna), sino también -por la doble visión que en el cerebro se transforma en una sola- gozamos del sentido de la perspectiva y de la profundidad de las tres dimensiones. En los años mozos no le damos importancia a la capacidad de ver, la tomamos como un simple hecho.  Con el paso del tiempo vienen los “achaques” y uno de ellos podría cebarse con los ojos; ahí recién nos preocupamos.

El ojo -al igual que otras partes del organismo- se desgasta y/o puede arrastrar defectos congénitos. Ante la mayoría de esas situaciones, y luego del estudio médico correspondiente, vendrá obligadamente el uso  de anteojos  o lentes de contacto. En varias ocasiones el paciente termina usando lentes bifocales, o sea,  anteojos con dos tipos de lentes: uno para ver a corta distancia -como cuando se lee- y  otro lente  para ver de lejos, algo imprescindible además cuando se conduce un vehículo.

Cualquiera sea el caso, los anteojos bifocales representan un compromiso intermedio.  Por su propia estructura dichos bifocales vulneran el mencionado concepto integrado de la visión, aunque ciertamente es mejor  usar bifocales que perder parte o toda la capacidad de ver.

Las personas actúan  muchas veces como si tuvieran lentes bifocales no en los ojos sino en sus cabezas. O se van por las ramas perdiendo la perspectiva o sucede lo contrario y navegan por el bosque observando distantes sin adentrarse en lo específico. Ambos enfoques son importantes para casos puntuales, pero lo fundamental es la visión integral.

Si forzadamente deben usarse bifocales nunca hay que perder mentalmente la imagen global. Esto del enfoque integrado es importante en los modelos de conducción política, económica o  administrativa y es de relevancia para los tradicionales métodos de investigación: inducción (de lo particular a lo general), y deducción (de lo general a lo particular).

El exceso de panorama nos hace perder el detalle y el exceso de detalle nos hace perder ese panorama. Hay que intentar crear en la mente una especie de imaginario “zoom” para que vea de lejos, vea de cerca y luego hacer el esfuerzo de observar el conjunto integrado. Solamente de esa manera se enfocarán adecuadamente los problemas y la mejor manera de resolverlos.

 La diferencia histórica a  favor de grandes estrategas y líderes políticos ha estado siempre marcada por la notable capacidad de visión integral que ostentaron. Por nuestro lado, debemos tratar de no excedernos en el uso de los bifocales mentales e  intentar -siempre- integrar la visión de las cosas para así analizarlas e interpretarlas mejor y, llegado el caso, tomar las decisiones más correctas para cada situación que se nos presente.

Agustín Saavedra Weise

es economista y politólogo.

fuente:http://www.paginasiete.bo

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