Ha causado consternacin el caso de Israel, el nio/adolescente que viva en una casa de perros, prcticamente a la intemperie. Los vecinos denunciaron el hecho y la prensa acudi a verificar el lugar y el estado del nio, que deca haber sufrido maltrato.

El nio haba estado acogido en el Hogar Eguino, de la Fundacin Alalay, pero segn los responsables de esta institucin  present una conducta rebelde y era propenso a huir del refugio para volver a la calle; adems de tener probablemente algunos desrdenes psicolgicos, seguramente producto de la dura vida que llev en sus primeros aos.

Se presume que Israel y su hermano tenan padres con problemas de alcoholismo, y ambos haban sufrido maltrato fsico, por lo que la Defensora los remiti al hogar donde se encontraban.

Ms all de los tristes detalles, este caso particular retrata el enorme y postergado problema de la poblacin que vive en la calle, especialmente los nios y adolescentes, que estn expuestos a todo tipo de violencia fsica y psicolgica, adems de adicciones y malnutricin, de lo que frecuentemente no consiguen recuperarse. 

La tarea heroica de las personas que realizan estas tareas es apenas un atisbo de esperanza de salvacin para estas vidas, que estn destinadas a la marginalidad y a la pobreza. 

Alalay, como otros hogares llenos de personas que cumplen con enorme compromiso y amor la tarea de ofrecer a estos nios y jvenes la posibilidad de contar con cuidados elementales y reinsertarse a la sociedad, trabaja en medio de la precariedad y las limitaciones, pues no cuenta con un financiamiento suficiente para responder al vendaval de demandas y necesidades que presentan estos nios.

Segn un reporte del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), debido a causas como la violencia en los hogares o la desintegracin familiar, al menos 2.000 menores de edad viven en situacin de calle en Bolivia. Las ciudades capitales de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz concentran el 90% de estos menores. Entre los factores identificados por este estudio estn las migraciones del campo a la ciudad de finales de la década de 1980, la desintegracin familiar, la violencia en los propios hogares y la pobreza.

A tal punto se ha naturalizado la estampa de los nios de la calle, que hay legiones de ellos en ciudades como Santa Cruz que viven en los canales, se dedican a limpiar vidrios para ganarse unas monedas que luego usan para comprar algo de comida. O clefa u otras drogas. En algunos casos cometen delitos menores o son usados por delincuentes comunes para causas inconfesables.

Los hogares que los buscan, los tratan e intentan recuperarlos no slo tienen la colosal tarea de quitarles el estigma con el que viven, sino intentar sanarlos desde el alma para devolverles un lugar en una sociedad incierta y ajena.

Por ello el caso de Israel es paradigmtico; as como es paradigmtica la labor de quienes a pesar del abandono de polticas estatales que los apoyen, siguen peleando la guerra de cuidarlos, protegerlos y ofrecerles cobijo. 

Sin embargo, las batallas sern muchas y las victorias escasas mientras el Estado en sus diferentes niveles no consiga dar atencin a la tarea de recuperar estas vidas. Lo otro, lo estructural, lo que viene con la violencia, las rupturas familiares y el dolor, es como vemos a diario, un signo de esta época al que con pocos recursos también deberamos combatir.

Es difcil seguir hablando de bonanza, de gestin pblica, de desarrollo humano cuando, producto del crecimiento desorbitado y catico de las ciudades, vemos cada vez ms personas, sobre todo nios, que no ocupan lugar alguno en las cifras ni en las preocupaciones de nadie. Israel, Alalay y las miles de historias que escuchamos constantemente  no debieran quedarse en la anécdota ni en la noticia buena o mala, sino en alguna respuesta, medida o solucin. As sea paliativa. La indiferencia nos est quitando la fe.

Fuente: Pagina Siete

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