Este ao casi no ha habido mes sin noticias de un ataque terrorista en alguna ciudad europea. A la vista, todo vuelve a la normalidad después de unos das. Pero no es as. El alma de la ciudad agredida queda profundamente cambiada. 

 Yo viv los ataques terroristas en Bruselas, en marzo 2016. La ciudad no volvi a ser la misma después. Tampoco los que vivamos en ella. Era como si Bruselas hubiera perdido su inocencia.
 
Esa misma inocencia que aprovecharon los terroristas para perpetuar no uno, si no dos ataques.
 
Primero en el aeropuerto, luego en el metro. La segunda embestida, una hora después de la primera, fue la ms fatal. 

 En Bruselas era un secreto a voces que tarde o temprano habra un ataque en la ciudad.
 
Albergaba demasiados vnculos con ataques anteriores, sobre todo con los de Pars, en 2015. Pero aunque todos lo sabamos, nada, absolutamente nada, lo prepara a uno para lo que se viene y el cambio de vida que le sigue.  

 El da mismo del ataque tuvo mucha cobertura meditica. En cambio, la vida cotidiana después es difcil de retratar. Meses después, el aeropuerto segua siendo un caos. Cientos de eventos en la ciudad tuvieron que ser cancelados. La gente que vena de afuera no poda llegar. Y de Bruselas haba que salir en tren a aeropuertos en Alemania o Francia para tomar de ah el avin. Esto signific también miles de cancelaciones de hoteles, catering, restaurantes, etcétera. El turismo sufri pérdidas cuantiosas. También el comercio en general y la gastronoma. La recuperacin de los efectos colaterales del ataque es lenta. An hoy se trata de restaurar la confianza de los turistas y convencerlos de venir a Bélgica. 

 Ms de una ao después, sigue habiendo gente que prefiere no tomar el metro, por miedo. El transporte pblico qued muy afectado. No slo qued destruida una estacin de metro, si no que durante semanas la red de metro funcionaba en horarios restringidos. Esto, a la vez, afectaba los horarios del comercio, ya que los empleados deban cerrar las tiendas antes para poder tomar transporte.

 Pero lo peor fue que nos acostumbramos a tener a soldados armados hasta los dientes en todas partes. Ya no llamaba la atencin ver tanques militares urbanos en las esquinas. Pareca ya lo normal. Como si siempre hubiera sido as. Nos sentamos ms seguros? No realmente. 

 Y meses después, los debates polticos sobre la restriccin de ciertas libertades a favor de ms seguridad, ya ni se seguan. Vigilancia total y a todas horas? “Mejor as, decan muchos. Y ni hablar del ambiente envenenado de prejuicios y acusaciones entre unos y otros. 

 Los que sobrevivimos nos quedamos el resto de nuestras vidas con las impresin de una experiencia horrorosa. Hasta hoy no puedo ver las imgenes de la destruccin y desesperacin de aquellos que salan huyendo del aeropuerto y del metro. En ambos lugares haba una alta probabilidad de que esté presente, tanto yo, como mucha gente conocida ma. Por el aeropuerto pasaba varias veces al mes, al igual que mis colegas. La estacin de metro atacada estaba a slo unos pasos de mi trabajo. 

 Las consecuencias de un ataque terrorista van ms all de las vctimas fatales y los heridos. No slo mata o hiere a personas fsicamente. Las heridas son también psicolgicas y econmicas. Deja una huella profunda en el tejido social de la ciudad. 

 Cuando nos enteramos de una embestida terrorista, creemos que una vez levantados los muertos, los heridos y los escombros, todo vuelve a la normalidad. Pero no es as. Nada vuelve a ser igual.
 
En eso pienso, cada vez que escucho la noticia de un nuevo ataque.

Gabriela Keseberg Dvalos es politloga. Fue alta asesora poltica del vicepresidente del Parlamento Europeo. @gkdavalos

Fuente: Pagina Siete

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