Los rituales y las “malas horas”: encuentros extraños en Tarija

María es una mujer que en la actualidad va a cumplir 30 años. Ya es profesional y mantiene por cuenta propia a sus dos hijos, pues es una orgullosa madre soltera que asegura tener claras sus metas en la vida como Licenciada en Enfermería. Si bien ella vive actualmente en Cercado - Tarija, hasta sus 18 años vivió en la provincia Méndez, en la comunidad de El Rancho Norte, donde tiene lugar una extraña experiencia que se anima a contar solamente a personas que siente que no la juzgarán o la verán “como una loca”.Por el año 1995 cuando tenía 7 años, María relata que cuando iniciaba el mes de febrero fue con dos de sus hermanas y una prima de similar edad a jugar a un río que había en la comunidad de El Rancho, mismo que ahora es tan solo una quebrada. Por aquel entonces, el río era algo inconstante, ya que pasaba algunos meses seco y después resurgía por la temporada de lluvias. Ella junto a sus hermanas solían frecuentarlo desde muy pequeñas en busca de caracoles y piedritas curiosas que solía arrastrar la corriente.“Fue un día de lindo clima, no había nubes me acuerdo. A eso de las dos de la tarde después de comer fuimos con mi prima y mis hermanitas, yo era la menor y siempre me cuidaban y como éramos puro mujeres, jugábamos juntas los mismos juegos, no tanto con juguetes sino más con cosas de la naturaleza que nos inventábamos. Lo de las piedritas era un juego de encontrar así como tesoros, decíamos que quien encontraba más blancas ganaba, a veces no habían muchas así que nos concentrábamos en las negras; después las juntábamos y las enterrábamos en un lugar cerca de la casa donde vivíamos que era de mi abuelo, a unos 300 metros del río que antes había”, relata María.Pero aquel día no pasaría como otros de su infancia, ya que cuando se encontraban jugando en una parte del río, de repente empezó a ocurrir algo muy extraño. María se encontraba con su prima buscando piedras blancas, mientras que sus hermanas buscaban las negras, cuando de repente ella sintió que alguien le había lanzado una piedra en la espalda, por lo que se dio inmediatamente la vuelta y miró a su hermana mayor. Pasaron unos minutos y pasó lo mismo, por lo que le lanzó una piedra pequeña a una de sus hermanas, que le respondió que “así no se juega”, por lo que siguió concentrada en lo que estaba haciendo.En el lapso de unos 30 minutos, su prima sintió lo mismo y nuevamente voltearon a mirar a las hermanas y las increparon, a lo que ellas contestaron que más bien ellas eran quienes estaban lanzándoles piedras por la espalda desde hace rato. En ese momento mientras discutían si seguir jugando o no, María vio algo espeluznante: a unos 30 metros, yacía un hombre grande de apariencia oscura parado en medio del río seco, sonriendo ampliamente. Éste las miraba en silencio con un gesto de picardía y unos ojos que dice jamás podrá olvidar. Asegura que fue tal la impresión que sintió que un escalofrío le subió hasta la cabeza. “Era un hombre alto, de unos dos metros, lo vi bien y él se dio cuenta que lo vi. Respiraba como cansado, era de color así como guindo o rojo, pero me acuerdo que no todo su cuerpo era piel, tenía así como un pelo de la cintura para abajo y en su pecho. Sus ojos eran amarillos con pupilas parecidas al gato de día, tenía en su frente algo así como cuernos pequeños, sus dientes, Dios mío…, parecían como de perro pero se reía, no sé de qué. Yo lo apunté y todas se voltearon y lo vieron y se quedaron como yo, entonces pasó algo peor, el hombre dio unos cuantos pasos cortos y nos dimos cuenta que no tenía pies de humano, caminaba distinto. Se paró hizo su cara para adelante, nos mostró su lengua y empezamos a correr”, cuenta la mujer.Cuando las cuatro niñas llegaron llorando desesperadas donde su abuelo, éste las escuchó atentamente, las tranquilizó y después de darles algo de agua les contó que hace mucho tiempo, por ese río seco se solía enterrar al Diablo cuando terminaba la época de Carnaval, y que a lo mejor estuvieron “en un mal lugar a una mala hora”, por lo que las reprendió, las bañó y en la noche llamó a un curandero que “les llamó el ánimo”, ya que al menos la mayor de sus hermanas quedó tan impactada que no dijo una sola palabra por unos tres días.Otro suceso extraño sobre el mismo ser, tuvo lugar en Cercado, allá por el año 2008, cuando en pleno proceso de ampliación de la ciudad con el surgimiento de nuevos barrios y asentamientos, Elvira F. junto a su esposo e hijo, decidieron dejar de pagar alquiler por vivienda e ir a ocupar un terreno que habían comprado gracias a un préstamo en el barrio San Jorge II. Ahí habían logrado hacer construir solamente un cuarto. El temor era que ante el avance de los asentamientos, su terreno de 300 metros cuadrados termine siendo ocupado por personas ajenas, lo que los obligó a apurarse y darle el uso correspondiente. La cuenta la presente historia es Julia, quien por ese entonces era la mejor amiga de Elvira que tenía unos 45 años. “Yo conocía la casa donde vivía mi amiga con su familia, fuimos y ella me contaba que estaban haciendo lo posible para poder avanzar en la construcción, pero primero empezaron por un cuarto y después cerraron el terrenito con alambre de púas y palos. Les faltaba todavía servicios básicos, luz y también un baño. Era mucho sacrificio vivir ahí pero en ese tiempo estaba sonado el tema de que habían grupos de gente que se apropiaban de terrenos que no estaban en uso, por lo que mi amiga cuidaba su propiedad”, explica la señora.Una noche de luna llena, Elvira sintió la necesidad de ir al baño, y ya que tanto su hijo como su esposo estaban ocupando los dos reflectores recargables que habían comprado, decidió ir sin luz. Es así que cuando se alejó de la casa y estuvo cerca de unas accidentadas peñas formadas por la erosión, se dispuso a hacer sus necesidades bajo un mediano árbol de Churqui. Al pasar algunos minutos, Elvira sintió en su hombro una pesada mano fría; gritó, se paró y salió raudamente de abajo del árbol para ver lo que era y luego cayó al piso desmayada.“Yo fui unas dos semanas después de que pasó eso, yo trabajo con Yanbal, entonces como había llegado su pedido fui a entregarle, pero me quedé sorprendida por que cuando llegué su esposo estaba muy bajoneado. Primero como que no me quería dejar entrar, pero le pregunté sobre mi amiga y se puso a llorar y me dijo que estaba mal. Cuando entré estaba ahí ella sentada y ni me saludó, fui me acerqué y le dije mamita qué tienes dime algo, entonces me miró y me hizo asustar… me dijo el Diablo, lo he visto, es un hombre blanco”, relata Julia.En la actualidad siguen siendo amigas pero por cuestiones de trabajo y familia, se ven sólo dos veces al año, sin embargo, cuando pasó el susto con los años ya pudieron conversar mejor, y Elvira le contó los detalles de aquel encuentro, algo que hasta ahora hace que la piel de Julia se erice. Pues su amiga le asegura que el Diablo sí existe y es un hombre con cara de mujer, sin cejas, de apariencia plácida y agradable pero a la vez muy imponente.“Mi amiga lo superó gracias a la Iglesia, ella fue también a esos curanderos que le hicieron una limpia. Su marido primero no le creía, pero entendió que lo mejor era que ella regrese a la casa de su madre con su hijo y él se quedó a cuidar la casa hasta que la cerraron con ladrillo y aparecieron los dueños de los otros lotes que también empezaron a construir”, agrega Julia.El último testimonio que se logró viene de un hombre, Pablo M. de 35 años, quien junto con su amigo cree haber logrado contactar al Demonio, mediante el uso de distintas técnicas de invocación que estudió intensivamente cuando cursaba los dos últimos años en un prestigioso colegio de Tarija. En este caso explica que se trata de una experiencia inducida, ya que se basó en instructivos de libros que apuntaban a lograr un encuentro real, algo que se convirtió en determinado momento en una suerte de obsesión, que terminó una vez que llegó a la universidad.“Ahora pienso que son cosas de changos, ya sabe la música, el cine, las influencias que a uno le llegan. La cosa es que con un compañero de curso que tenía su papá que vivía en Europa empezamos a buscar un encuentro con el Diablo. Teníamos como 16 años, entonces aprovechamos que su papá era de mente abierta y nos mandaba libros que encontrábamos primero por internet. Leímos de todo, desde la Biblia Satánica de Anton LaVey, hasta otros libros más didácticos digamos, en los que se detallaban pasos para realizar rituales que garantizaban un contacto. Hicimos de todo por un año y medio, hasta que al final creo que se dio”, afirma.Después de haber pasado por varios intentos fallidos, Pablo cuenta que estaban a punto de terminar de probar los 23 rituales que traía un libro muy recomendado en “el mundo oscuro”, y aunque estaban medio desanimados, para salir de la duda, decidieron que probarían con un ritual más. Consiguieron los insumos como sangre de cordero negro, sal, objetos de plata, y otros, que dispusieron dentro de una estrella de 5 puntas dentro de una habitación de su casa que se había convertido en el “cuarto de pruebas”. Siguieron al pie de la letra las instrucciones y esperaron que emerja el ser maligno, ambos con los rostros untados de sangre, pero pasó una hora o más sin que nada aparezca al centro del símbolo. “Estábamos acostumbrados, el tío como le dicen, nunca aparecía, hasta gallos matamos, pero nada, recitábamos como tontos los conjuros que traían los libros, mirábamos a las tres de la madrugada el espejo, tratábamos de portarnos mal para llamar al mal, de todo… pero ese día algo pasó. Después de que no aparecía mi amigo me dijo que la sangre de cordero le estaba generando nauseas por que se había coagulado en su cara, era parte del rito, untarse con eso, así que como el libro decía que no había que dejar sola la estrella, le dije que fuera abajo a lavarse y yo esperaría un rato más. Estaba en el cuarto y oí un golpe seco, cuando salí mi amigo estaba en el suelo, prácticamente convulsionando, lo ayudé y después de un rato volvió a estar bien. Dice que cuando estaba bajando las gradas para ir a lavarse, vio que un busto blanco transparente ascendía como dirigiéndose al cuarto en el que estábamos. El quedó turbado, hasta ahora no está del todo bien. Desde aquel entonces, nunca más volvimos a jugar con esas cosas”, cuenta Pablo.
Fuente: www.elpaisonline.com