Messi , al medio, celebra su triplete con Neymar y Suárez, en el partido que se jugó ayer.

EFE / Barcelona

El Barcelona despidió la primera vuelta de la Liga -a la espera de disputar el partido aplazado con el Sporting- como líder provisional de la competición, después de golear ayer  al Granada (4-0) con un triplete de Leo Messi y otro tanto de Neymar.

 Fue un partido enormemente plácido para los azulgranas, un oasis en mitad de los derbis de alto voltaje que ha tenido que librar con el Espanyol y cuyo tercer acto se vivirá el próximo miércoles, en Cornellà-El Prat, en la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey.

 No salió el Granada a esperar al Barça, tampoco a buscarlo, y pagó esa indefinición táctica y su falta de convicción para soñar con hacer algo grande en el Camp Nou. José Ramón Sandoval armó una defensa adelantada de cinco hombres y, con el equipo andaluz partido por el medio campo, los azulgranas jugaron a placer desde el pitido inicial.

Aún no se había llegado al cuarto de hora y Messi ya ha había firmado un doblete. Al culminar, primero, una asistencia de Arda, de nuevo titular, y una preciosa triangulación al primer toque entre Neymar y Luis Suárez, para hacer el 2-0.

 Una internada de Neymar por la izquierda acababa con un remate del brasileño al poste. El rebote llegaría a la bota izquierda de Messi, que remachaba a la red para firmar su triplete antes de la hora de juego. Ahí quedó definitivamente finiquitado el partido. Pero Neymar quería su gol. Entre filigrana y filigrana y los lamentos de Suárez -una tarde de ésas para olvidar la que tuvo hoy el uruguayo- lo encontró a siete minutos del final, para cerrar la goleada local.

Zidane, estreno con goleada

El estreno de Zinedine Zidane en el banquillo del Real Madrid respondió a la ilusión generada en el madridismo, recuperó el sello clásico del equipo blanco, que jugó al toque, con velocidad y buen fútbol ante un Deportivo al que tumbó con triplete de Bale y doblete de Benzema (5-0).

La ilusión regresó de golpe al Santiago Bernabéu. Nunca un movimiento en el banquillo generó un cambio tan radical. Del silbido y la tensión, a la ovación y el goce. Se marchó Rafa Benítez sin la complicidad de sus jugadores ni del público y llegó Zidane, figura querida y respetada por todos. Se palpó en todo momento. En el ambiente que recuperó la emoción, en la entrega de los futbolistas y el regreso de un fútbol más adecuado al ADN del Real Madrid

El conjunto blanco se quitó el corsé táctico. De un plumazo dejó en el olvido las ataduras, las preocupaciones sobre el rival y manteniendo un 4-3-3 como dibujo, desató el fútbol que gusta en el Bernabéu para obtener la primera goleada en la era que comanda el francés.

fuente:http://www.paginasiete.bo

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