Pero con una sonrisa dice que ahora es peor para algunas. “Mi hija es enfermera y aparte tiene que ver sus wawas, además de atender al marido. En mis tiempos nos mantenían”, asegura al momento en que nos cuenta que eso no le duró mucho, pues su esposo falleció a los dos años de casados.“¡Me quedooo!”, grita Justina, se disculpa por cortar la conversación, se despide y baja con la lentitud que sus años le permiten. De la ventana se la ve ir, con sus pies cansados, con su manta gris, su sombrero de tela, su bolsón de mercado pero sobre todo con aquella sacrificada vivencia que tienen las mujeres valiosas. Aquellas que se han convertido en un ejemplo para ésta y otras generaciones.Pero como ella hay muchas más.

Adelante a pesar del dolorYovana Albino es una mujer que ha pasado por diferentes experiencias dolorosas que la han convertido en una joven madre que lucha por sacar a sus tres hijos adelante. Yovana quedó viuda a los 25 años, cuando su hijo menor tenía apenas dos semanas de nacido. La experiencia de perder a su pareja, al padre de sus hijos y además sostén del hogar, fue algo que la sumió en un dolor que hasta hoy le arranca lágrimas al recordar su muerte. Pero también es algo que le ha dado la fortaleza para no rendirse. Yovana se convirtió en madre muy pronto, cuando estaba a punto de ser bachiller. A los 19 años tuvo a su primera hija, en una experiencia mezclada con miedo pero que le permitió apreciar el milagro de la maternidad. “Al tener a su hija tan joven a veces una se arrepiente pero luego se siente muy lindo llevar un hijo adentro, es una experiencia muy bonita”, recuerda al remontarse ocho años atrás, cuando su esposo aún vivía y su principal preocupación era asistir a la universidad.Tuve que dejar la universidad porque no tenía quien me ayude con mi bebé, explica Yovana, quien quería ser enfermera. Pero con una niña pequeña eso era muy difícil ya que no contaba con el apoyo de su familia. Su madre vivía en el campo y ella vivía con su abuelita, quien no podía ayudarla con su pequeña hija. Muy pronto tuvo que abandonar la universidad y al poco tiempo nació su segunda hija. Junto al padre de sus hijos logró obtener un lote en un asentamiento y él construyó la casa en la que vive actualmente. “Él era albañil y un día tuvo un accidente, se cayó en la obra donde trabajaba y murió”. Yovana recuerda muy poco lo que sucedió en esos días porque estaba aún convaleciente por el reciente nacimiento de su hijo menor. “No recuerdo bien -comenta- porque me perdía, era como una pesadilla, yo no podía aceptar ni creer que él había fallecido, él estaba sano y esos días yo vivía confundida, como si él fuera a volver”, relata sobre una época poco clara en su memoria, llena de dolor y confusión. Lo inesperado de la muerte de su esposo le afectó tanto a ella como a sus hijos, ya que las dos niñas mayores estaban tan apegadas a él que todo el tiempo lo esperaban, decían que su papá iba a volver. “Era muy difícil para mí explicarles porque ellas se sentaban en la puerta a esperar que su papá vuelva”, dice sin poder evitar una lágrima. Hasta hace poco su hija menor todavía ponía en la mesa un puesto para su papá. Ahora ya lo ha aceptado y ella dice “ya no hay que poner ¿no ve?, él está aquí pero no puede comer”. Se ve que son niños sanos y felices pese a todo. Para Yovana, las fuerzas salen de su amor y preocupación por sus hijos, ya que debe alimentarlos y cuidarlos, lo cual se dificulta debido a que son pequeños y ella debe salir a trabajar. “He tratado de vender comida rápida pero no es un ingreso seguro, entonces he entrado a aprender corte y confección para poder trabajar mejor y cuidar a mis hijos”. Para ella es un año de esfuerzo y preocupación continua, ya que por la mañana su hijo menor se queda en la guardería del barrio y las niñas asisten a la escuela y por las tardes los deja en el centro del barrio Los Chapacos, donde reciben clases de teatro, danza y otras áreas, en tanto esperan que ella venga a recogerlos. “Yo por la mañana hago pequeños trabajos para una tía que es modista y ahí me gano unos 30 ó 50 bolivianos, y por las tardes voy a las clases de costura”, dice. Yovana está prácticamente sola con sus tres hijos, ya que un par de meses después del fallecimiento de su esposo, su madre enfermó gravemente y también murió. “Es difícil cuidarlos pero ellos dan alegría”, dice con su niño pequeño en brazos. Han pasado ya tres años desde el fallecimiento de su esposo y es claro que sus hijos son su prioridad y sostén. Cuando habla del futuro una luz de esperanza se observa en su mirada.Entre el trabajo y la maternidad“El nombre de mamá no es fácil de conseguir”, afirma Claudia Tolay, una mujer que es madre por vocación y que además ha obtenido grandes logros en otras áreas de su vida. Mujer de una sensibilidad innata ha dedicado gran parte de su tiempo a ayudar a niños con enfermedades o secuelas graves por causa de accidentes. Claudia es muy consciente de que la labor de madre no es fácil. “La maternidad puede ser difícil. No es una cosa que da satisfacción inmediata todo el tiempo. Cuando son sólo bebés y estás cambiando pañales o escuchas un lloriqueo constante, puede ser abrumador”, comenta recordando quizá ese momento que cada mujer vive cuando es madre por primera vez. “El primer segundo que escuché el llanto de mi hija, mi vida cambió. En ese mismo segundo asumí una responsabilidad universal hacia ella y le prometí cuidarla y jamás fallarle pase lo que pase”, cuenta. El miedo estuvo presente debido a que su primera hija venía con cuatro kilos y debieron practicarle una cesárea luego de 19 horas de sufrimiento. De ahí en adelante, en su vida entró su hija y luego los demás, propios y adoptados, quienes llegaron de uno en uno. El sueño de la maternidad estuvo presente desde siempre en la vida de Claudia Tolay, quien desde muy joven tuvo en mente la posibilidad de adoptar a niños, al saber que hay muchos niños en el mundo que necesitan cariño. “Tener hijos propios o adoptados es mucha responsabilidad para toda la vida”, sostiene. Claudia ha sido una mujer comprometida con todo lo que emprende y en sus inicios como madre tenía un trabajo que la obligaba a viajar entre 8 y 9 meses al año, por lo que los tres meses restantes se enfocaba en ser mamá al 100 por ciento durante el verano en Europa, donde solía vivir. Un día, la pérdida de dos personas muy queridas para ella, en menos de 28 días, la llevó a replantearse muchas cosas. “Con un golpe de esos en la vida, una aprende que no todo es trabajo, que no todo es economía y decidí continuar mi vida con menos es más, dando prioridad a mi familia y a disfrutar de cosas que no puedes comprar, como es un atardecer, un amanecer o ver salir la luna, todo eso alrededor de mis hijos”, dice. Desde hace unos años tiene en su hogar a seis niños que considera sus hijos, aunque unos son propios y otros adoptados, por lo que su fórmula para poder seguir activa laboralmente es tener una buena organización. “La prioridad son los chicos y también es importante delegar y enseñarles responsabilidades a cada uno y desde niños. Y bueno, todos ayudamos en casa. Mi marido es mi 50 por ciento en todo, es el mejor ejemplo de padre y esposo y juntos lideramos el trabajo de equipo de nuestra familia”, destaca. La tecnología le ha ayudado mucho a poder continuar con sus actividades laborales y de ayuda, ya que puede hacer muchas cosas desde su casa, excepto cuando debe salir de viaje y percibe que sus niños no quieren que se vaya. Claudia ha encontrado formas creativas para conectarse con los niños durante su ausencia y también cuando está con ellos, ya que una de sus actividades preferidas es cocinar cosas deliciosas para ellos, y con ellos, a modo de hacerles saber que siempre los tiene en su mente. En su rutina de trabajo mientras está en casa busca la forma de organizar su trabajo. “Mi día de trabajo empieza muy temprano cuando los chicos duermen y voy a la cama muy tarde porque vuelvo a mi computadora por una hora, una vez que los chicos se van a la cama”. Claudia, además de su labor en Healthy Happy Kids enfoca sus esfuerzos en otras áreas relacionadas con el cuidado del medioambiente. “Realizo consultorías en temas medio ambientales que involucren preservar y cuidar los lugares más puros del planeta para transformarlos en santuarios de la naturaleza”. También forma parte del equipo de La Cle Global Health, cuya misión es mejorar la salud para todos mediante la investigación, la educación, la formación, y el servicio.

Los retos continúan María Cristina Díaz Sosa es un ejemplo similar de equilibrio entre maternidad y profesión. De profesión abogada ha ocupado importantes cargos, que no han evitado que desarrolle a plenitud su labor de madre y profesional.De profunda sensibilidad humana, tuvo a su cargo la educación de sus dos hijos, actualmente es abuela de un nieto.Dentro de lo profesional es licenciada en Derecho, habiendo cursado estudios superiores, de diplomados y maestría. Destacó por su trayectoria profesional, en especial en la docencia universitaria. A lo largo de su carrera profesional se ha dedicado con verdadera vocación a impartir justicia, desempeñado varias funciones en el Órgano Judicial de este Departamento, tales como: Juez de Derechos Reales, Juez de Partido en lo Civil, y en los últimos siete años Vocal del Tribunal Departamental de Justicia de Tarija.Actualmente enfrenta el reto de ser candidata a la Magistratura del Tribunal Supremo de Justicia del Estado.

Fuente: www.elpaisonline.com

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