Ismael Peinado tiene grabado con tinta indeleble un episodio que le marcó para siempre en su carrera y en su vida. Hace casi 40 años, en 1977, durante una liguilla en Cali para acceder al Mundial de Argentina, fue uno de los arqueros de la selección nacional. Le tocó la peor parte porque recibió 11 goles en dos partidos.

Bolivia había hecho una eliminatoria magnífica ganando su grupo frente a Uruguay y Venezuela, supuestamente se había clasificado a la Copa de 1978; sin embargo, la FIFA hizo aparecer una liguilla para definir dos plazas. Bolivia, entonces, tuvo que enfrentarse con Brasil y Perú en Colombia.

Claro que me marcó para siempre. Esos dos partidos me bajaron la moral, admite Peinado, quien nunca más fue convocado a una selección nacional.

Carlos Conrado Jiménez era titular indiscutible en ese momento, como que fue titular ante Brasil, que en ocho minutos ya le había hecho dos goles. El arquero, que además era el capitán, se lastimó la rodilla. En vez de él ingresó el bisoño Peinado, era su primer partido oficial y lo pagó caro.

El ahora administrativo de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz es reticente a referirse a ese episodio de su carrera. No quisiera hablar del tema porque por ahí digo cosas que son verdades.

Esa verdad es que él debía ser titular en ese cotejo ante el scratch porque Jiménez había viajado lesionado a Cali.

Dos días antes del primer partido me dijo que iba a jugar yo porque la rodilla no le respondía. Hice el calentamiento en el camarín, me tocó hacer las hurras, puse la pelota sobre mi cabeza y en ese momento apareció Jiménez y le colocaron el cintillo de capitán y entró. Nadie me explicó nada, ya quedé bajoneado.

Peinado lloró esa noche. Luego tomó valor para, cuando Jiménez ya no podía, entrar a defender la Verde: No quedó otra que encomendarme al Flaco de arriba; el equipo no podía pararse y me hicieron seis goles.

Fue 8-0 y unos días más tarde, Perú venció a Bolivia 5-0 con el golero de Bolívar como titular. Influyó mucho el primer partido, el equipo se vino abajo.

Al volver recibió el respaldo de la directiva y compañeros de Bolívar. Don Mario me ayudó, era como un padre para mí.

Peinado (de espaldas) ataja para Bolívar en un partido de la Liga en Tembladerani.

Trabaja en la Universidad cruceña Gabriel René Moreno

Jaime Ayllón

Se recibió como director técnico después de realizar unos cursos en Paraguay y también en Santa Cruz, pero una vez que se retiró del fútbol nunca más volvió a la actividad. Estuvo durante muchos años en el sistema bancario, primero en el Nacional y luego en el Unión. Hoy es administrativo de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz, allí trabaja en la biblioteca de la Facultad de Derecho.

Dicen que uno debe volver siempre al lugar donde nació. Ismael Peinado Lino lo asumió y regresó el año pasado a Warnes, donde nació el 1 de septiembre de 1954. Estaba cerca en Santa Cruz, pero volví a mi tierra de la que salí a los 13 años. No me hago problema de hacer viajes diarios hasta mi trabajo, porque estoy en mi pueblo.

Como anécdota, cuenta que ahora volvió a la casa de estudios superiores cruceña, entidad con la que se encariñó, pues fue Universidad de Santa Cruz el club que le abrió las puertas al fútbol y allí dio sus primeros pasos.

Se puede decir que estoy de vuelta. Mucha gente no me cree cuando les digo que fui arquero de Universidad. Que busquen los archivos del club y de la institución, ahí están los papeles.

Cuando era funcionario bancario volvió a jugar como integrante de los equipos que en ese tiempo jugaban un torneo.

SanJosé quería llevarlo a Oruro, incluso le ofrecieron un traspaso a una agencia bancaria de esa ciudad, pero dijo que no.

Lleva el celeste de Bolívar en el corazón

Después de un amistoso de Bolívar contra la selección cruceña en la capital oriental, el entonces técnico celeste, el alemán Edward Virba, le dijo a Ismael Peinado que lo quería en su plantilla y en 1975 llegó a la Academia.

Con 21 años compitió con el paraguayo Arturo Galarza, quien era el dueño del arco celeste. Un tiempo después se unió al grupo de goleros Carlos Conrado Jiménez.

Fue una competencia bárbara, yo era el pichoncito del grupo. Aprendí mucho de ambos en el tiempo que estuve en Bolívar, recuerda Peinado.

A pesar del cariño que le tiene al cruceño Universidad, donde dio sus primeros pasos en el fútbol, dice que es hincha de Bolívar. Eso también está marcado, soy celeste, bolivarista. Le agarré amor al club porque incluso tuve la oportunidad de jugar varios clásicos.

En Tembladerani estuvo hasta 1979, luego fue cedido a préstamo a Municipal por un periodo corto. En el primer semestre de 1980 regresó a

Santa Cruz, jugó en Blooming, pero por problemas económicos se fue y decidió retirarse. Tenía 26 años y mucho por dar.

fuente:http://www.la-razon.com

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