La semana pasada,  la consultora Oxford Economics, líder mundial en la previsión global y análisis cuantitativos, ha presentado un informe sobre las tendencias futuras y las oportunidades de mercado en las 750 ciudades más grandes del mundo.

 Estas urbes, que para 2030 absorberán a más de un tercio de la población mundial y generarán más del 60% del PIB planetario, significarán mercados y oportunidades nuevas. Para dentro de 15 años, tendrán 410 millones de almas adicionales a las que ahora habitan el mundo, requerirán 260 millones de casas nuevas y gastarán 1,7 billones (trillions, en inglés) más que antes en automóviles y salidas a comer, pues contendrán a seis de cada 10 personas ricas en el planeta.  Las grandes ciudades además albergarán a 150 millones de ancianos, aumentarán su PIB en 37 billones de dólares y crearán 240 millones de nuevos empleos. ¡Parece que habrá que competir con las ciudades de oriente!

 Entre estos cambios globales, en Bolivia destaca Santa Cruz, una de las ciudades que más crece del hemisferio sur y la cuarta de América Latina y el Caribe, tan sólo por detrás de Ciudad de México, Lima y Buenos Aires, con un incremento esperado para 2030 de 1,6  millones de habitantes, lo que equivale a que duplicará su población para alcanzar a urbes como Berlín, San Francisco o Ámsterdam. Por su parte, y a un ritmo algo menor, seguramente seguirá imparable en su crecimiento demográfico El Alto, que  junto con la propia La Paz y su aparato burocrático, serán los polos fuertes del país.

 Ante esta más que probable tendencia, las ciudades intermedias deberán luchar por no quedar relegadas a la decadencia e insertarse en la ruta. Cochabamba parece tener muchas más oportunidades, principalmente por los importantes crecimientos de sus ciudades-dormitorio Quillacollo, Sacaba y otras vecinas, aunque a un ritmo mucho menor al que aportan Warnes y La Guardia a Santa Cruz.

 Entre las capitales de departamento, Trinidad y Cobija también crecerán (según proyecciones del INE), aunque partiendo de tamaños mucho más pequeños. Tarija  será la siguiente en expansión, aunque moderada. 

 En ese contexto, luchar por ser ciudades más competitivas, ante otras similares del contexto latinoamericano como Maracaibo, Campinas, Rosario o Iquique, va a ser una tarea complicada si no podemos plantar cara en estándares que comprendan algo de innovación, creatividad y tecnología.

 El informe The Global Creativity Index 2015, preparado por el Martin Prosperity Institute y Richard Florida ni siquiera menciona a Bolivia. Sí estudia los comportamientos de otros 139 países, entre ellos Nicaragua, Honduras o Paraguay, en tres vertientes relacionadas directamente con competitividad como ser talento (capital humano), tecnología y tolerancia/diversidad.

Por su parte, en el Global Competitiveness Report 2015-2016, preparado por el World Economic Forum, estamos en el puesto de competitividad global 117 de 140 países estudiados, y no nos deja muy bien parados en temas como eficiencia de mercado de bienes y mercado laboral, señalando como problemas clave la burocracia gubernamental, la corrupción y el capital humano.

 Nos debe preocupar la falta de estadísticas en la materia –Bolivia no tiene un sistema de Cuentas Satélite en temas culturales, por ejemplo–, pues sin ellas, se torna muy complicado el tomar decisiones racionales y se deja todo poder de decisión a manías personalistas. Se ven también brotes verdes, como el primer Encuentro de Científicos Bolivianos Radicados en el Exterior de esta semana, que sigue una estrategia trazada en el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología.

 Los gobiernos locales y la sociedad civil deben trabajar más rápido para poder lograr afinar la máquina y pillar la “pole position” en la autopista que va a 2030.

Fadrique Iglesias Mendizábal

 fue atleta olímpico.

fuente:http://www.paginasiete.bo

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