vocacion solidaria

Cuando el corazón es grande las necesidades se convierten en retos, en un multiplicador de voluntades y de bienes y, además, en un borrador de sinsabores, de penas y de dolores. Esa, sin lugar a dudas, es la lógica de Antonio Ceccato y Marisa Galiazzo, una pareja de italianos llegada a Santa Cruz desde una aldea cercana a Venecia, en 1981. Vinieron de voluntarios a hacerse cargo de niños huérfanos. En 2000 asumieron el reto de cuidar niños con parálisis cerebral en un albergue llamado Hogar de Dios, en el municipio de Saavedra (provincia Santistevan). Allí, a cargo de una granja que sostiene la obra de caridad, están estos voluntarios que vinieron invitados por monseñor Tito Solari, cuando este ofició como obispo auxiliar de Santa Cruz, en la década de los 80. Antonio Ceccato se sorprende al enterarse del homenaje que recibirán él y su esposa Marisa, por la actividad que cumplen. Primero disculpa a su esposa por no estar presente, pues ella se restablece de una delicada intervención quirúrgica a su corazón. “Lo que hacemos lo hacemos con amor. El amor no siempre basta para hacer el bien, pero trabajamos para que nada falte a estos angelitos, que no están bien físicamente”, dice Ceccato con la sonrisa en los labios y con una satisfacción que no puede ocultar, por la premiación. El Patujú que recibirán los esposos Ceccato, el 15 de este mes, “más que un reconocimiento al trabajo, es un aliciente y una voz que quiere llamar y tocar la puerta de los corazones buenos para que ayuden a estos niños. Hay gente que de lejos nos ayuda y otra que estando cerca nos ignora. Para ellos va nuestra palabra, para que nos sigan apoyando y para que nos tomen en cuenta”, expresa Antonio, que lamenta nuevamente la no presencia de su pareja (Marisa) en las actividades de la granja y del albergue del que, según él, es una eficiente administradora.Con una secretaria, Shirley Zelaya, que se las sabe todas y un personal que alcanza a 37, los voluntarios trabajan diariamente en el cuidado de los niños. Entre el personal hay enfermeras, mujeres de limpieza, niñeras y profesionales como el Dr. Rolando Pérez Zabala, un fisioterapeuta que lidia a diario con los menores albergados que tienen necesidad de terapias para tratar de despertar sus nervios motores obstruidos de nacimiento por esas cosas de la vida. Lo cierto es que en este hogar hay 42 niños, 21 varones y 21 mujeres, que son cuidados por gente que trata de remplazar el amor de los padres que, por una u otra razón, los abandonaron

fuente:http://www.eldeber.com.bo

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